
GRUPO DE POESÍA DE LOS SÁBADOS A LAS 18:00 h
-revista virtual-
COORDINADOR :
MIGUEL OSCAR MENASSA (Candidato al Premio Nobel de Literatura 2010)
NÚMERO 129, 15-03-2014
-revista virtual-
COORDINADOR :
MIGUEL OSCAR MENASSA (Candidato al Premio Nobel de Literatura 2010)
NÚMERO 129, 15-03-2014
Semana
a semana iremos mostrando en este blog el producto del trabajo
realizado en el Grupo de poesía los sábados a las 18:00 h de la
Escuela de Poesía Grupo Cero, coordinado por el poeta Miguel Oscar Menassa
Dibujos: Miguel Oscar Menassa
RECAIDA
-2-
Caigo.
Retomo la pendiente.
Ignoro el pasado.
De
rama en rama
salta el tiempo.
Vislumbro
en la penumbra sus manos
sus
cálidas manos del goce perfecto.
Entraremos
volando
a los desconocidos territorios.
Fogoso
el viento sopla.
Nos
llevará otra vez a las palabras.
Se
desparraman al infinito
humana voz.
Claire
Deloupy
NO
TENDRÉ PIEDAD
¿Por
qué, si la duda no agota la nostalgia de futuro,
ni
transforma el plazo de la existencia, se acurruca
entre
mis manos solitarias y en tus labios apagados?
¿Acaso
no habrá incendio bajo el esplendor de la belleza?
Nada
duerme en mí cuando estoy más allá de mí.
¿Quién
escucha el grito que irrumpe del oscuro sollozo?
Sin
la sagacidad del instinto, vacilamos al compás de la letra,
mientras
nuestras mejillas se consumen bajo la mirada
maniatada
por la fiebre de la armonía que nunca zozobra.
Es
verdad que la montaña, la primavera y el deseo mismo,
precisan
de la palabra para ser, para temblar súbitamente
y
caer desesperadamente bajo el sonido de tu voz y de tus pasos.
Estás
distraído por la esperanza y sus vasallos,
cantas
y envidias a los amantes abandonados, te apasionan
más
que aquellos satisfechos y, el dolor y la muerte,
deleitan
a tu corazón con sus rayos de injusticia y de barbarie.
No
tendré piedad, me entregaré al poderío de la voz,
perderé
el hábito de lo terrestre, y sólo los humanos
conmoverán
mis sienes y sus palpitaciones.
Amelia
Díez Cuesta
Las estrellas se despojan de la niebla inmaculada que aguarda,
la fiesta pasó, nunca conoció el ocaso,
palabras infinitas de día condenaban sus músculos al calor caduco de la hoguera.
Arrojaba los naipes con juego y el velo de la sombras era una compañía serena,
curva como el pesado azul del medio día.
Un dios como la hoja que el vuelo retira con su viento acorralado de libertad,
y amor, piedra preciosa, me dejaba en un camino de sueños que no se sueñan,
de besos que cuelgan de esqueléticas ramas donde abandono los recuerdos.
Cuando me pides piedad soy la que limpia tu frente sin tocarte,
con el bien destruyo todo lo posible,
esa rosa en pleno esplendor vuelca su odio inexistente sobre mi,
roba mi sangre y se tiñe de color para morir.
¡Piedad! Acostúmbrate a las manos cruzadas,
al frío mármol, al gusano ciego sobre tu almohada de vaso etrusco,
ceniza, voz encarcelada y metal.
El musgo cubre mis pies de abeja, aléjate de mí,
mirada infernal sobre el afluente del río.
Allá me esperan para el encuentro, se que tu paisaje fue la cuna del bien,
pero mis ojos ya no están hechos para ti,
para tu abrazo eterno de serpiente sobre mi cuello.
Mi imagen se ha roto, y un ángel vuela para traernos la vida que no existió.
Piedad, fresco igloo del tiempo, tus ojos se abren vacíos.
Nos dijeron que eras una hermosa mujer,
que nuestro designio dependía de tu deseo, pasivo y medio muerto,
tus arcas necesitaban nuestro cuerpo, pero no te lo entregaremos,
la palabra nos espera, el trabajo es nuestro destino.
Susana Lorente
NO TENDRÉ PIEDAD
Cae la tarde entre los sueños,
rendida de besos,
me dejo caer en nombres donde no estás tú.
No tengo piedad,
destierro mi mirada escrutadora,
la diabólica ansia que exige castigo no tendrá más alimento,
la dejo morir,
que viva en otras historias,
no será el dolor protagonista de mis versos.
Aprendo a amarme sin estar presente,
escapa el instante y queda la vida,
sin fieras que aguarden el error
ni lágrimas que arrebaten la tersura de la piel.
Las máscaras quieren seguir dibujando los rictus de la infancia
y yo sólo escucho las voces del futuro llenas de letras,
amores más allá de la piel que no me necesitan,
ciudades donde lo que menos importa es mi ser.
Aquí estoy, sin piedad, sin jaulas,
una mujer entregada al mundo.
Helena
Trujillo
NO
TENDRÉ PIEDAD
Dejar que las manos se escurran por entre los dedos
danzar por el aire que expulsan tus labios y besar la noche
un instante para después amanecer entre tus brazos.
¿Esa será la piedad que me pides
o esa será la posibilidad humana?
Cambio las vocales, los tiempos de los verbos
construyo una oración, un canto, una diadema
sobre tus cabellos, una voz.
Cruz González Cardeñosa
Dejar que las manos se escurran por entre los dedos
danzar por el aire que expulsan tus labios y besar la noche
un instante para después amanecer entre tus brazos.
¿Esa será la piedad que me pides
o esa será la posibilidad humana?
Cambio las vocales, los tiempos de los verbos
construyo una oración, un canto, una diadema
sobre tus cabellos, una voz.
Cruz González Cardeñosa
No
tendré piedad!
Que la mano no falle
Que ciega acierte su condena
Que siendo sombra y vuelo
Como un pañuelo extienda
Rápido su belleza
Nacer a la palabra como la voz al encuentro atribulado de tu medianoche
Oh el espanto quebrado de este vuelo!
Oh el estertor abierto a la palabra escrita
Esa manera de vivir que inaugura la mañana
Recorrido de los párpados por el abrupto corazón de marinero
Amando el ritmo corporal y ventílocuo
De tu crueldad a mi crueldad
Enamorada
De tu palabra al cuchillo y al filo de la vida.
Paola Duchên
Que la mano no falle
Que ciega acierte su condena
Que siendo sombra y vuelo
Como un pañuelo extienda
Rápido su belleza
Nacer a la palabra como la voz al encuentro atribulado de tu medianoche
Oh el espanto quebrado de este vuelo!
Oh el estertor abierto a la palabra escrita
Esa manera de vivir que inaugura la mañana
Recorrido de los párpados por el abrupto corazón de marinero
Amando el ritmo corporal y ventílocuo
De tu crueldad a mi crueldad
Enamorada
De tu palabra al cuchillo y al filo de la vida.
Paola Duchên
NO TENDRÉ PIEDAD
Impíos pensamientos,
agujas del odio enhebrando
una ristra de ojos deshidratados
que se balancea ante la mirada
estúpida, extraviada,
de la falsa profeta que vive
en un mundo fantástico,
donde príncipes azules
alfombran su camino
y un séquito de hadas
atienden sus deseos.
No tendré piedad,
no tendré piedad
repetía esto una y otra vez
mientras descuartizaba a su muñeca
imposibilitada de emitir ningún sonido.
Olga de Lucia.
¡QUE ALGUIEN DIGA ALGO!
Todo huele a
destrucción
todo huele a dolor de
infancia
cuando todo era devastación
en la calles
en el cuerpo
cadenas del pasado
enigmas
de estos cielos.
Y no hablan…
Encadenan el presente
bien puestos los
venenos
en nuestro costado
en nuestro cerebro
indiferencia
desvanecen nuestros
sueños
tarea cotidiana
atareados
sólo mirarse el
ombligo
mientras se disfrazan
de justos y
libertarios
la palabra amor
fue destierro
de su vocabulario
y se anda
casi sorda
casi ciega
murmurando la
tristeza
decepción que no
tienen fin
amarrar la esperanza
restañar lo posible
megáfono para cantar
quiebra en sollozos
mi voz
…
Y no hay señales
y no hablan
así se sigue
todo te lo arrebatan
desde su pecera de
luces…
¡Qué alguien diga
algo!
Rosalba Pelle
ESTA
VEZ NO TENDRÉ PIEDAD
¡Piedad!
Y
un gran pájaro marino pone su huevo azul en las mañanas
y huye
por las avenidas de esta ciudad hecha con restos
de
alas disecadas después de la tormenta.
Me
dijeron en plenilunio que no querían quemar mi cuerpo en las arenas
y sin
embargo continuaron avanzando hasta la entrada del desierto
con
la intención de vender en frascos congelados cenizas de mi ayer.
No
bastó el ladrido de los perros para detener los fuegos ávidos de mí,
y
extravagantes partidarios del odio pregonaron a voz viva
su
enfurecido pensamiento sobre mi extraña manera de existir
sin
lograr unir mi alma al asfalto cubierto por los muertos.
Sabía
que no podrían contra la actividad del sueño
y
entre olores insulsos avancé hacia el lugar donde reinaban las sirvientas
y
fui una escoba entre sus manos
aligerando
el polvo de sus horribles pestilencias.
En
medio de la fiebre pedí que lavasen mis ojos con un agua nocturna
que
alumbrase la piel finísima donde nacían mis pestañas,
pero
no fuí escuchada,
sólo
el viento hacía volar como panfletos mis ideas nacidas de mis versos.
No
hubo nobleza que aguantase el desvío de aquellas almas
que
ignoraban que había una insanía en su silencio y que perdían la sustancia
humana en reflexiones duras como las uñas de un lagarto.
Pero
esta vez no tendré piedad,
construiré
una gran trampa donde caigan enarboladas sus cabezas
y
me iré por ahí cuando me plazca sin mirar para atrás,
estiraré
mi cuerpo en desperezos sin escuchar
esas
voces extrañas que son de otro planeta
y
no podrán destrozar este vestido de
extranjera
tejido
en el confín del mundo.
Yo
seré esa simiente alada que viajará
soportando
la lucidez de un rayo a punto de matarme,
dando
lugar a un nacimiento
en
la pendiente desmontada de malezas
en
que se pierden las traiciones,
y que
es la frontera donde el accidente
toma
la fuerza de una acción y nacen otras leyes.
Norma
Menassa
NO
TENDRÉ PIEDAD
Seré
la más cruel de las amantes,
rociaré
tu piel de dulces azúcares
pero
también esparciré en tu lecho
besos
cáusticos que recorrerán tu cuerpo
sin
ninguna piedad.
Magdalena
Salamanca
RECAÍDA
Vuelvo a
sentirme cerca de la niebla
que va
ocultando las formas del camino,
visión
contando secuencias del miedo,
humano
sentimiento de los hombres sabios.
Encuentro
donde el silencio es malsano,
miseria del
que lleva un arma que no podrá usar,
ninguna
bala matará lo insabido.
Errando el
centro, nadie penetró ese mar
La nieve
saturada de estrellas,
fue creando
reflejos plateados,
victorioso
diluvio, escenario de la recaída.
Conversación
significante del camino que resta,
potro
galopando fuerte por los acantilados altos,
ocultando
en su rostro, el saber total, la última caida.
Será fácil
sentarse a contemplar la combustión,
el hambre
de otras vidas.
Lucía
Serrano
NO
TENDRÉ PIEDAD
Controvertidas
incursiones en la realidad
me
acucian, esta vez, en lo más hondo
de
la humana corteza que me rodea.
Inmaculadas,
sobrias contenciones
reavivan
ecos de un ayer imposible,
grabado
en el reverso de mis ojos.
Sin
piedad, decía mi abuela,
hay
que enfrentar la vida sin piedad,
y
el decálogo de hazañas comenzaba:
A
los simples de espíritu, sin fe,
desagradecidos
varios que pululan
entre
las comisuras del trabajo común.
A
las ofensas que acontecen en el alma,
los
múltiples desarraigos contraídos,
las
penas que nunca cotizaron.
A
la pereza milenaria de ser uno más,
la
inmensa glotonería de saberlo todo
y
resbalar, como si nada, por el mundo.
Hay
que tratarlos sin piedad, decía,
hacer
como que se olvida,
como
que se sueña, y esperar la ocasión.
Carmen
salamanca
ESTA
VEZ NO TENDRÉ PIEDAD
Ángeles
caídos, ángeles negros, las biblias quemadas, arrancados
de
su lugar los crucifijos, mudas las bocas para el rezo.
Olor
a incienso y mirra tapado por perfumes de sexo y de violencia.
El
padre frente al hijo, y no tuvo piedad, lo hizo morir entre ladrones.
Soy
una virgen arrodillada con su hijo en los brazos,
atravesado el cuerpo por lanzas, las manos en dos
clavos.
Imagen
de la belleza para el que implora su sustento a Dios.
No
tendré más piedad de mí, la compasión es una dama mentirosa.
Me
hace creer que soy el otro, me hace creer que su dolor es mi dolor.
Hoy
llega a su fin la bonhomía, el altruismo hueco, la terquedad del sacrificio.
No
me inmolaré más, estricta amante de todo lo que crece,
El
poema ya no será herida, desterraremos de su centro la ternura,
Vibraremos
al son de nuevas melodías.
La
piedad herida en el costado, se desangra.
Alejandra
Menassa.
NO
TENDRÉ COMPASIÓN
Lúgubre
llamarada del oasis
en el
desierto de nuestros ojos rasgando el olvido.
Llorando
el estío del frenesí del destino.
Recato
inguinal del que no tendré compasión.
A la
fusión de dos culturas
Inventadas
En la
teoría del orgasmo
Fulminando
el talismán
De los
recuerdos en el sueño
De la
madrépora.
Investigación
enraizada que nos
Atrapa
entre nuestras miserias
Construyendo
el esplendor de la naturaleza.
Torrentes
subcutáneos
de
poesía gutural,
Las
raíces de las rimas y los versos.
Acontecer
de miel y salvaguardia donde me matarás
Tocarás
el hálito del silencio
En las
palabras desconocidas
No
dichas entre nosotros
Ritmo
latino incrustado en nuestras uñas
Infectadas
por la labor de pudrirse.
Pregunta
sin respuesta vacilando en la sabiduría.
Poesía
que el porvenir inaugura.
Este
amianto, simiente desprevenida de polvo investigado
El
horror de no poseer el campo de batallas
Donde
se puede ser el fin o el principio, el pase
Del
sonido entre las infinitas consonancias,
Educadas
en el placer del goce,
Amadas
por los saurios hasta los huesos
del
insulto.
He
tenido que tragar
El
monumento a la dictadura
Que me
ciega.
He
tenido y perdido el océano
Entre
mis dedos
Hurgando
en la llanura de los sentimientos
De
quienes ostentan el poder.
Caímos
sobre la verdad absoluta
De
quererse en soledad.
A mi
humillación de fantasma.
Cabello
acuático atrapando
Los
llantos del mar.
Posamos
nuestros sueños
En el
sexo de las olas
Llenándonos
de sal.
Hermenéutica
universal
Horrorizando
el nácar.
Óleo de
la civilización, los ciudadanos,
mastican,
en un
ejercicio de simulación,
manipulando
el acordeón de las horas
diciendo
así no, así no.
Y un ápice
de la multitud impresionada
por el
susto de la misión,
Obedece
a la regla de la ola
De mi
danza
Sosteniendo
el amanecer.
La
danza del dolor,
la señal de la escritura.
Amor
destruido
En el
porvenir.
Donde
se estremecen los violines.
Alba
sobre la bruma
Espumas
dolorosas disecadas
En
nuestros armarios.
El
poema que contiene
Todos
Los vuelos.
En las cuerdas
de tu cuerpo
Emitiendo
los sonidos de la distancia.
Bellos
perfumes paisajísticos
Floreciendo
de la guitarra
Al son
de la voz preciosa del poeta.
Del
amor de la escucha
De la
poesía.
Bravo a
la alturas de las árcades
Y las
cárceles,
En el
tiempo de la comparación
Donde
se fusionan los trastos
De la
suntuosidad en las alegorías del viento.
Vuelo
hambriento de libertad,
La
inauguración del grito
En el
trinar.
Delicia
entrando por los ojos, el sonido
Y la
luz.
Oración
dispuesta a asesinar
Si el
albor de los acontecimientos
En la
lava de nuestro amor
Irradia
los recorridos de la augural
Declinación
Del
misterio
En la
pudiente catarata de piedras preciosas
Escalando
al ámbito del movimiento.
Seducción
atándome a la vida.
Ven a
la almohada de mis labios
Nube sobre
la que
Los
ángeles descansan
En mis
pequeños susurros.
Recitando
los himnos celestes
Que
rayaron la tierra en el punto
Del
cero
Donde
encontramos el suspiro de la muerte
Cuerpo
alucinado en las ocasiones del silencio
Cuando
gana la batalla del amor
En los
sonidos de la carne
Cayéndose
sobre la sombra
desde
la niebla camarada.
Guiño a
la seductora reina de la mentira
Fulgiendo
en la salud del emperador
Como
camada de leones
Rugiendo
en su humanidad.
Voces
musicales
Aullando
al fuego de la luna
Pálida
de dolor, quehacer y ver.
Éxito
frontal
De la
herencia del caracol
Arrastrando
la sólida
Batalla
de la pasión.
Anexa a
mis complejos
por los
perfumes
Enrarecidos
Perdón
rogó la fusión del átomo
En las
rocas encendidas
Del
lamento.
Asesinaré
las sombras de la crueldad
Cuando me
dice que me ama
Estallan
los proverbios
En las
manos de la no pudiente
Que
enrarece los puertos peligrosos
Del
amor con la pasión de la
La baba
pública.
Excitante
color bañando los
Sonidos
para descubrirlos,
Para
sostener con su misterio
El
fervor del rayo
en el
camino subterfugio.
Surrealismo
que perdió
Brillo
en su resonante espectáculo
De
raíz.
Felicidad
maldita
En la
invernal caricia
de lo
humano.
La
escritura detenida en nuestra historia
Almacén
de mares olvidados
Donde
la luna oscila.
Diluyo mis
celos en el océano
Sajado
por la guitarra
Amor,
amor, amor
Invisible
lazo de lo imposible.
Raya la
mística de los símbolos
Del
trébol.
Descifrando
un universo donde no se es más o menos
Un
diptongo silente en la arena de la humanidad,
pisando
nuestras raíces los gritos de los muertos.
Fin
inesperado para los huesos del alba.
Primogénito
de la agilidad
hermosa
del universo
Bolas
de fuego en el azul de la plata
De la
navaja que corta el río
En dos
mitades completamente incorregibles,
Distinguidas
en su trono de crueldad
Las dos
mitades,
Naufragan
en el amor al amor.
Al arte
de la palabra presidiendo el fulgor
De la
belleza a plena luz,
A carne
viva, silueta perfecta
De
imperfección y vida,
Feminidad
inaugural,
Simulando
la suavidad de lo sublime.
Mientras
la fuerza me come.
Inquietud
perpetua
de la
palabra
de
otros hombres.
El
deseo embriagado de sí mismo
Ámbar en
las cuerdas de tu voz,
Oriental
perfume del color del amor
Que llena
en mis pulmones,
las
acequias inagotables,
del
futuro,
Sensaciones
que confunden
El
cuerpo de la escarcha
Con la
sal del misterio.
Si
seguir pudiera
A ese
imposible pez.
Encanto
la magia
Con el
saco de las virtudes
Incluyendo
la cítara del ungüento.
Sin
sentido definitivo,
Se
acercaron a nosotros,
Los
élites de las élites,
Espolvoreando
el cenáculo.
De la
demagogia en los pétalos de
La
ambición.
El
placer de los negocios
Del que
me dicta la materia de la ensoñación,
La
muerte solitaria,
Siempre
acompañada.
Residuos
corporales nos engrandecen
En los
engendros de amor y de señuelo,
La
culpa de la civilización ambicionando
Ser
nosotros mismos,
Invadiendo
los satélites interestelares
Del
alma. Estrechando las imágenes
Del
olvido.
Lenguaje
Invadiendo nuestras células con
El
sistema de las horas
Como
maracas golpeando los ritmos
De la
lengua indecente.
Saltos
apasionados del límite
De la
sabiduría
Conversando
en la efeméride
Del
invierno de las palabras
Cortando
el frío.
Yegua
en libertad
En el
aéreo brillar del sónar.
Incansables
las manos
Naufragan
en el cansancio del diurno despertar,
de lo
contrario, en el germen de la unión.
Me
vinculo a sus lánguidos recorridos
Resonando
en el movimiento,
las
letras de lo posible.
Lo que
será escrito
Entre
tú y yo
en la
savia universal
Del
hombre.
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