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sábado, 21 de marzo de 2009

TALLER DE POESÍA SÁBADO 21-03-09

GRUPO DE POESÍA DE LOS SÁBADOS A LAS 18:00 h

-revista virtual-

COORDINADOR : MIGUEL OSCAR MENASSA

NÚMERO - 9- 21/03/09

Semana a semana iremos mostrando en este blog el producto del trabajo realizado en el Taller virtual de poesía los sábados a las 18:00 h de la Escuela de Poesía Grupo Cero, coordinado por el poeta Miguel Oscar Menassa

Cuadro: Atardecer en Málaga de Miguel Oscar Menassa
La sangre no se puede cambiar como los hábitos.

La sangre viene conmigo, se instala en tuberías subterráneas,
escurridiza, se aclimata una y otra vez al universo
y sigue su camino de nostalgia hacia tu rojo corazón
que estalla entre sonrisas hipócritas para hacer creer
al azul de tus días que volverá, que esperes a que cambien
las manecillas del reloj y el sonido del cuco y el péndulo,
que ahí, cuando la noche se trague todos los sonidos,
volverá y te amará, dichosa de ser tan colorada,
gozosa de creerse invencible, eterna lluvia inclemente
contra la muerte.

Es preciso aceptar su sonido y el paso de las horas,
el roce de la piel y los silencios que a veces levantan muros
y otras, construyen ojos y bocas y ese suspirar agitado de tu piel
cuando pasa la sangre por tus venas y enciende tus sentidos.

Cruz González Cardeñosa
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Dibujo de Miguel Oscar Menassa
Los resultados, los resultados son óptimos, lo que no es óptimo es mi estado de ánimo para poder evaluar positivamente los resultados positivos.

Creo que esto que me pasa Freud lo habría llamado la perturbación del pensamiento por el afecto, aunque también me atraía encasillarme entre los que fracasan al triunfar, la cuestión era darle alguna explicación a aquél estado tan desagradable.
Nos habíamos levantado tarde, era domingo, mi esposa dormía en la cama, y emití un sonido como un suave ronquido apenas perceptible, que siempre me había parecido cautivante. Le besé la frente y me dirigí al cuarto de baño. Seguía sin entender mi estado de ánimo.
Tumbada en la cama, estaba la mujer con la que había soñado desde siempre. Jamás confié en que se casara conmigo, y cuando me dijo que sí, apenas podía creerlo. Después vino el ascenso de categoría, pasamos de segunda a primera mi primer año como entrenador del equipo, y el segundo alcanzamos los primeros puestos, Judith se quedó embarazada y tuvimos un bebé rozagante al que llamamos Mikel, por esa época yo ya no me encontraba bien.
Todo empezó por esa sensación de despersonalización extraña, me miraba en el espejo y no me reconocía, era un extraño el de la imagen en el espejo, ni uno de sus rasgos coincidían con los míos y sin embargo, era yo el que me estaba mirando en el azogue. Un día iba conduciendo desde el campo de entrenamiento a mi casa, y de repente me dije: ¡Qué raro!, llevo las ventanillas bajadas y sin embargo, el aire me está dando en la cara, miré a derecha y a izquierda y estaba subido sobre el techo del coche, el misterio era ¿quién conducía?, al principio me aterroricé, durante unos segundos, después resolví que debía tratarse de una alucinación, y eso me calmó un instante: debo ser yo el que conduce entonces, concluí, pero al instante, la inquietud volvió, ¿porqué estoy alucinando?. Paré el coche en el arcén para tomar aire y recordé que el médico del equipo, un chileno encantador y un genio en Medicina del Deporte, me había ofrecido una calada de algo que se fumaba y que yo no sabía exactamente de que se trataba.
No debía ser correcta la atribución, porque días después me volvió a suceder en un restaurante, cenando con mis colegas, y esta vez, les aseguro que no había fumado nada de nada. Desde aquel día del coche pensé que aquello no era para mí. Como os contaba, comía ese día con el equipo , a mi derecha estaba Jaime, el médico Chileno, y a mi izquierda Celine, la psicoanalista del equipo. El tenedor comenzó a doblarse, lo cogía y se desplomaba como un jacinto deshidratado, el mango era tan endeble como el tallo de la flor, al principio intenté recomponerlo, lo tomaba del tridente flexionado, y lo colocaba en su sitio, pero al soltarlo, volvía a caer como despeñándose. Miré a Jaime y le dije: ¿ves el tenedor? Se dobla. Yo le había relatado la escena con el coche, me miró y sólo acertó a decir: ¿fumaste? Le dije: esta vez no. Miró a Celine y le dijo: este es para ti, Celine, y así fue como comencé mi tratamiento psicoanalítico.
Alejandra Menassa

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Dibujo de Miguel Oscar Menassa
Si las relaciones sexuales no existen, no existen para nadie.
Si las relaciones sexuales no existen, no existen para nadie. Aurelio había pronunciado esas palabras mientras sus manos se hundían en el barro, modelando, con movimientos precisos, suaves y enérgicos a la vez, una de esas figuras imposibles, llenas de vida, que parecían moverse con cada mirada.
Ernesto, cuando le oía pronunciar algo, que en principio no terminaba de entender, sabía que se trataba de algo importante. Se sonrió, pensando que en ocasiones las frases de Aurelio eran como las figuritas que brotaban de aquel amasijo de agua y barro, para construir un paisaje humano.
Una vez más apoyo su espalda cansinamente en el sillón, preparándose para una de esas largas conversaciones que le hacían vislumbra algo nuevo en el horizonte.
Desde que se habían conocido, cuando Ernesto apenas contaba siete años, no habían faltado nunca a su cita de los miércoles. Lo recordaba como si hubiera sido la semana pasada “Nos veremos los miércoles para conversar”, concluyó Aurelio después de jugar un partido de fútbol con los compañeros del colegio. A él le había sorprendido, fue la primera vez que sintió que le trataban como un adulto, aunque Aurelio apenas contaba dos años más que él.
Aunque ya sabía que la frase no podía referirse a lo que vulgarmente se conocían como relaciones sexuales, Ernesto comentó con un tono de desafio: “¡Ya, pero bien que gozas en tus encuentros con Pepita!”.
“No seas cretino, ¿qué tiene que ver eso, ahora? , replicó Aurelio, mira hijo - a él le irritaba ese apelativo que Aurelio utilizaba en esas ocasiones, cuando consideraba que su respuesta no estaba a la altura de la pregunta que se había abierto- follar, puedes follar todo lo que quieras, pero igual las relaciones sexuales no existen, repito, no existen y si no existen, no existen para nadie”.
Ese era un final por ahora, así que Ernesto se levantó pausadamente del sillón, esbozó una sonrisa irónica y dijo: “Bueno, me voy, he quedado con Pepita, si hay suerte… – y rió francamente- luego volveré a casa porque tengo que seguir preparando el tema de la clase de mañana, todavía me quedan muchas cosas por conocer.
Sí, querido –replicó Aurelio- hay cosas que nunca conocerás.
Pilar Rojas

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Dibujo de Miguel Oscar Menassa



RECORTES DEL TIEMPO
No ataré mi vida al carro de ninguna violencia

Hemos agregado páginas a la historia.
Crepúsculos fundidos,
desterraron nuestros nombres
de la soledad.
Hay sombras de mí en la noche
que temen ser descubiertas,
y me oculto en los misterios de tu piel:
infinita perpetuidad de las horas,
junto al brocato de tu gélido aroma.
Camino con firmeza de
acrecentar tu fe en mis actos,
señalándote mis caídas
con amable expresión de vencido.
Entonces ahí, tú me rescatas
con tu brazo, dándome fortaleza,
firmeza creativa.
Tu cercanía: absoluta
manera de afrontar la vida.

Miguel Martínez Fondón
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Dibujo de Miguel Oscar Menassa




LAS FIESTAS SON LAS FIESTAS Y SIEMPRE LAS ORGANIZA UNA MUJER, AUNQUE LAS ORGANICE UN HOMBRE
Ella y Él siempre sabían sus papeles cuando de vivir se trataba, su memoria resolvía lo que su conocimiento no podía entender.
Ella tenía las claves del goce y del ocio, nada le interesaba si no le prometían algo de goce y algo de ocio. Era capaz de trabajar hasta la extenuación sin quejarse e incluso contenta si al final estaba esa promesa, sin embargo, si la promesa no estaba su sonrisa quedaba ausente de su rostro, sus quejas se posaban sobre todo aquello que fuera de interés para sus seres queridos u odiados, no tenía compasión ni siquiera contemplaba el perdón, su futuro quedaba opacado y hasta su trabajo caía bajo lo que a partir de ese momento llamaría ?aburrimiento?.
Él apostaba todo a la guerra o todo al trabajo, no sabía hacer otra cosa, no conocía el amor ni el goce si no se encontraba con una mujer que se lo enseñara, aunque fuera a larga distancia. Si su madre había caído en el aburrimiento de las promesas incumplidas ya no conocería la alegría hasta que una mujer piadosa o enamorada le tocara con su varita mágica. Si no era así envejecería sin misericordia y su muerte acontecería en vida si no lo detenía antes de dar sus primeros pasos hacia ella.
Aquel día Ella y Él se encontrarían sin que ninguno de los dos lo tuviera previsto.
Ella: ¿eres triste o estás triste?
Él: No conozco ninguno de esos dos estados, pero siempre he querido conocerlos.
Ella: Yo puedo hacer que los conozcas, pero a cambio quiero que te alejes de mí lo suficiente para que podamos volver a encontrarnos.
Él: Eso no podría, tengo miedo a perderte.
Ella: Entonces yo seguiré con mi soledad, la única compañía que soporto, mi madre única.

Amelia Díez
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Cuadro: Más allá de las colinas de Miguel Oscar Menassa

Gobernar no deberá basarse en ninguna otra cosa que en la construcción de un conocimiento.
La inteligencia depende de la relación que, por medio de los pactos, se articula con los otros. Si tomamos conocimiento como sinónimo de inteligencia podremos obtener la solución que se ha de tener en cuenta a la hora de gobernar, ya que guiar o dirigir a una comunidad no ha de sentar sus bases sino en la producción de pactos llevados a cabo en torno a un pensamiento, capaz de transformar la sociedad, la cultura o, incluso, al hombre mismo.
Es cierto, que el hombre adquiere conocimientos a lo largo de su desarrollo y evolución, pero no para todos los hombres el conocimiento es el mismo, por eso, no todos los hombres gobiernan o se dejan gobernar de la misma manera.
Si englobamos dentro del concepto de gobernar la posibilidad de regirse por una norma, regla o idea, nos damos cuenta que la figura del gobernador aportará a esa agrupación, sea cual fuere, su ideología, así que, la “forma” que irán tomando los pactos necesarios para hacer frente una forma de gobierno, dependerá de la idea que respalde dicha construcción, es decir, de la ideología de sus gobernantes, pero sin olvidarnos que la construcción de un conocimiento de gobierno se apoya en un pensamiento científico, político, económico y social, no en la ideología de sus gobernantes.
Cada uno de nosotros somos un pequeño gobernante hasta con nosotros mismos.
No hay nada que no se construya, todo adquiere para uno la categoría de construcción, y esto parece complejo cuando tratamos temas como la enfermedad, el maltrato, la insalubre condición de los indigentes, etc... Pero también detrás de todas estas articulaciones de la vida, también hay un deseo. Deseo que sin duda es el que nos hace adquirir un determinado conocimiento y, por tanto, se convierte en el gobernador de nuestra vida.

Magdalena Salamanca

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Dibujo de Miguel Oscar Menassa



ENCUENTRO DEFINITIVO

“Sin conocer el pasado, no hay una nueva actividad”.


Con aire suave Henry Drake pensó que tenía que conocer su pasado antes de enfrentarse con sus propios deseos. Sabía, porque ya lo había experimentado en otra ocasiones el hombre, que no había situación real que sucediese al azar. Sus ojos miraban la página blanca como si fuera un nocturno abierto de primavera. Sintió un latido, el alma de cada palabra todavía por conocer.
Hay cosas que están más allá de nosotros, pensaba Henry sentado en su mesa mientras quería resolver un destino, por el momento, indescifrable.
Pensó en su infancia, en sus padres, su hermano recién nacido, la casa de los abuelos, el mar, el olor de la arena húmeda, su primera casa de soltero compartida con cuatro amigos, el primer trabajo, el primer poema y así, un largo etcétera. Cambiar la manera de pensar siendo miembro de una familia tradicional cristiana no se le aventuraba como algo fácil. Decidió esperar, no hacer nada y pensar cada situación, cada sentimiento. Refugiarse en su cuerpo de letras para poder partir.
En estas, abre un libro en la ambigüedad del azar. Henry Drake no tiene ganas de escribir su epitafio todavía y sin vergüenza decide jugar a conocer su pasado viviendo la hora presente. Todo acaba de comenzar.
Regresa el recuerdo y era otra vida en una luz aletargada, algo muerta en los últimos días.
Sonriente y con valentía, Henry abandonó todos aquellos fantasmas y sin temor, escribió un poema.
Estaba vivo y sorprendido. Había logrado quebrar la soledad del alma.

Mónica López Bordón

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Dibujo de Miguel Oscar Menassa


HAY UNA LIBERTAD QUE LLEGA CON TU CANTO

Polvareda y viento en remolinos
y un campo verde infinito se abren
ante mis ojos con tu canto.
Mundo mágico de libertad
sin tiempo ,sin nostalgia
ni efímero ni fugaz ni eterno,
se extiende ante mi vista
con tu canto.
sin ataduras ni cerrojos
libre lugar donde cabe
todo lo que mi mente invente
así es tu canto.
Abiertos, descongestionantes
los oídos se perfilan sobre un mundo
en paz
a veces irascible,
otras trae consigo el buen humor
y las caricias.
Canta el poeta y el espacio
se abre aún más.
Tus versos hoy traen a mi memoria
las palabras de Rosalía , gallega universal:
“canta poeta canta
que no eres menos que el ave
o el arroyo que se desata”.

María Chévez


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Dibujo de Miguel Oscar Menassa

MÁS ALLÁ DEL SILENCIO, EXISTEN LAS PALABRAS

Lenguaje no es hablar, por lo menos,
no es solamente hablar.
Miguel Oscar Menassa.

Envuelto por el humo del cigarrillo,
me extravié entre fiebres de dudas,
de sonrisas,
de llantos despiadados.
Tumbado junto a la ausencia,
mezclado en la ceniza,
en el asco,
en el delirio,
en el eco del olvido,
me ví perdido en la sombra de mis gestos.
Ella se acercó lentamente
y miró mis pupilas vacías,
mi cuerpo deshabitado de palabras,
mis labios baldíos, inasibles
y se sentó a mi lado.
Mis venas detenidas más allá de la angustia.
roídas por la calma,
atravesadas por la luz,
apartadas del tiempo,
comenzaron a palpitar sobre mi frente despoblada;
más allá del silencio, existen las palabras –me dijo-
ponle voz a tu alma

Vicente Prada Gómez


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Dibujo de Miguel Oscar Menassa



“Antes de concluir un tratamiento, se debe analizar todo el proceso de identificaciones con la figura del analista o sus cosas reales y sobre todo, imaginarias. Por ejemplo esas mujeres que andan jorobadas por la vida, porque piensan que siendo árabe me gustan más los camellos que las mujeres.”
La identificación no es algo que ocurre entre dos sujetos, sino entre dos instancias inconscientes, debemos pensarlo como un proceso de transformación efectuado en el seno mismo del aparato psíquico, fuera de nuestro espacio habitual y que no puede ser percibido en forma directa por medio de nuestros sentidos.
Por cierto, en una cura analítica podemos reconocer exteriorizaciones clínicas indirectas de la identificación, pero jamás alguna de estas manifestaciones muestra tal cual el mecanismo que opera en una identificación psíquica inconsciente.
La identificación, significa que la cosa con la cual el yo se identifica es la causa del yo, es decir que el agente de la identificación no es ya el yo, sino el objeto, de esta manera Lacan intenta dar un nombre al proceso de causación del sujeto del inconsciente.
El objeto designa algo diferente a la representación psíquica del otro comprendida como si fuera la huella de su presencia viva inscripta en mi inconsciente. El término objeto nombra en realidad una representación que ya está ahí y contra la cual vendrá a apoyarse luego la realidad exterior de la persona del otro o de uno cualquiera de sus atributos vivientes.
En el inconsciente no hay representaciones del otro, sino tan solo representaciones inconscientes, impersonales por decirlo de alguna manera.
Si el fin de análisis implica el atravesamiento del fantasma, la respuesta habrá que buscarla en el enfrentamiento con lo real, la destitución subjetiva y el horror del des-ser.
Un psicoanalista siempre tiene que poder elegir entre el análisis y los psicoanalistas. Lo real no admite sentido, retornando incansablemente.
Pensar en este aforismo, me llevó a recordar que la intersubjetividad es imposible de sostenerse en el proceso analítico, la coexistencia de las conciencias o la referencia del sujeto a otro que garantice su verdad no es el camino del psicoanálisis y si el psicoanalista lo sigue pierde su saber. Aunque en verdad no sepa nada en particular, el saber supuesto es esqueleto de saber y supone el tratamiento del significante articulado en cadena, a condición de no perder ninguno de sus eslabones, permitiendo que lo no sabido sea ordenado como armazón del saber.
Esto lo llevó a Lacan a ubicar al analista como soporte del fantasma, tratando de ir mas allá del falo y como soporte del significante.
Significante que indicará que él no es ahí y donde cauce a su deseo, el des-ser de la destitución subjetiva, dejará caer el significante del sujeto supuesto saber, pasando a convertir en un significante cualquiera tanto a su persona como a su nombre.
Si el analista cambia de significante el sujeto cambia de posición, advendrá entonces el pasaje de analizante a analista y registrarlo echará luz sobre el fin de análisis, que podrá no coincidir con su terminación.
El analista solo se autoriza desde un decir fundante que implica que como sujeto ha quedado suturado al campo de la palabra. Esto supone un límite al narcisismo, por lo tanto vuelve imposible la interpretación anárquica de autorizarse a sí mismo.
Sabemos que el espejo está en la estructura del lenguaje: la estructura de lo simbólico, lo imaginario y lo real, es del lenguaje y no de la realidad objetiva.

Lucia Serrano

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Dibujo de Miguel Oscar Menassa
Vivimos rodeados de alimañas y sin embargo, hay que seguir. Termino con la desesperación como método y dejo que la suprema inteligencia poética que vive en mí guíe mis pasos.
Alondras sorprendidas en el instante del reposo. Alondras golpeadas por la civilización, su canto se hará feroz, indomable.
Para luchar contra las máquinas, la combustión tiene que ser hasta el final. No mas reposo, la guerra es todo el tiempo.
Es necesario escribir un verso más que ellos que diga: así debe ser, todo lo contrario.



“Así no podíamos seguir, le dije que era necesario pasar de tantas emociones que tenían en vilo a mi corazón, a otra desnudez, una desnudez que no evocara ningún sentimiento, porque temía por mi vida. Había acercado su daga a mi garganta tantas veces que me propuse que esa sería la última. Tenía que pegar el salto de la linealidad de los hechos que venían sucediéndose y que me hacían sufrir hasta llegar a un grado de desesperación que se me imponía ya como un estado, porque la desesperación me acompañaba en todos los actos de mi vida. Me sentía sometida a su maldad que intentaba destruirme en cada frase que me destinaba y quedaba como hipnotizada, sin capacidad de respuesta. Yo tenía recursos para enfrentarla pero me anonadó el monto de su violencia nunca imaginada por mí, siempre diluida en mí por esa capacidad de transformar los dramas de mi vida en novelas o poemas o sueños que terminaban siempre en un amanecer de colores que sorprendían mis sentidos. Yo había crecido muy cerca de los pájaros que sobrevolaban un mar calmo, sin ansiedades, buscando mi alimento a ras de la sal marina y de esa inmensidad que siempre prometía un alimento y la certeza de la continuidad de una sobrevivencia. La daga me espantaba y un mandamiento se me imponía con un “no matarás” como un grado de civilización que me mandaba a buscar otras maneras de enfrentarme con la dureza del acero, con las improntas maquinales que cual tanques de guerra amenazaban pasarme por encima. Había llegado a la conclusión que la verdadera pintura no usa un fondo de imágenes sino que las imágenes van surgiendo de un tranquilo fondo sin figuración, la tela en blanco, sólo un tono apartado de cualquier lenguaje literal y decidí no hablar más porque las palabras no podían remediar esa visceralidad que pedía mi sangre para que la daga encuentre su sentido.
Un renglón más y mi inteligencia se abstuvo de algún tema en particular, y mis estrategias se transformaron y puse en el cielo un pavo real y en las aguas puse a flotar el cadáver de todos los enemigos y en vez de las semejanzas busque otras armas que las letales y declaré la guerra permanente de palabras que ya no actuaban como ninguna excepción sino que fueron la norma de mi vida. No descansé y mi vida se desligó de las pertenencias de tal manera que ya no era mi vida sino que era la vida que miraban los ojos de mi inteligencia que eran los ojos de una imaginación sin imágenes. En esa transparencia y frente a la falta del azogue ella tiró la daga y la vida entró en mí, de una manera natural, desatando nudos con el viento universal de todas las lenguas y su historia, como un latido nuevo, como si la vida fuese un mas allá de los contrarios”.
Norma Menassa

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Dibujo de Miguel Oscar Menassa


El encantado ruiseñor muere atrapado en su propio canto.
Su canto es del mundo, tampoco le pertenece y eso lo hace sufrir.

El encantado ruiseñor muere atrapado en su propio canto. Su canto es del mundo, tampoco le pertenece y eso lo hace sufrir. Sufre de su propio canto, sólo en el leve ala rota que lo contiene morirá, se apresura en la primavera a juntar ramas secas, siente que el canto llega al corazón cuando en el pecho nace un sol rojo como un anteojo que el alma multiplica y se esmera en entonar las notas como si algún otro lo escuchara.
Pobre ruiseñor, su canto no es suyo y canto lo define en un si mismo nacido para morir.

Manuel Menassa

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Cuadro: Amores nocturnos, de Miguel Oscar Menassa

DESDE LAS NUBES

“Las cuestiones no pueden ser tomadas al azar,
existen cuestiones de antemano que
deben ser tratadas antes de comenzar ninguna nueva actividad.”

Tomo distancia, me alejo, amplio el horizonte,
para verme dentro del mundo, me vuelvo todo ojos,
mirada bivalente.

Hago y deshago mi andadura con paso firme, decidido
y vuelvo a comenzar,
sobre las cumbres la perspectiva es más amplia.

Bajo de esta nube pedestal
de esta sala de ensayo al vacío
para no perder detalles.

¿Cuál es el deseo que toca la mano del poeta
mientras la sombra abraza sus víctimas postreras?
¿Hasta qué profundidad he de sumergirme?
Adivino un comienzo entre palabras
pero no encuentro su deseo en el poema.

Tomo distancia, me alejo, amplío el horizonte,
para verme dentro del mundo, me vuelvo todo oídos,
ser suspendido, condenado a la palabra.

Fabián Menassa

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Dibujo de Miguel Oscar Menassa


El ejercicio de un poder también puede ser el ejercicio de la cura.
Una gran tienda o un gran estado dan el mismo trabajo que una histérica pobre.

No se trata de cambiar el mundo, se trata de comenzar. A veces queremos limpiar toda la miseria y lo único que hacemos es extenderla. Como si el planeta fuera una gran cloaca y nosotros una de las bestias que habitan en ella. Basta, hay que poner límites a la ambición fuera de lugar. Detente, pequeño hombre, siéntate a mi lado y habla.
Se sienta y empieza a proferir todo tipo de sonidos incomprensibles que no atino a entender, tampoco me esfuerzo. Simplemente asisto. Aún no me deja ser alguien. Permanezco a su lado, días, meses, años enteros. Él no se preocupa de mi existencia, pero me necesita para que haya encuentro. Un día, algo cambia, los sonidos van combinándose en palabras, palabras que van tejiendo sus sentidos. El hombre habla y me dirige su mirada, ¿comprendes? –me pregunta.
Yo bien no comprendo, pero hago un gesto afirmativo con la cabeza porque es lo que él espera, y sigue hablando, esta vez en un tono más pausado, como manteniendo una conversación. Ahora soy otro para él, me permite tener alguna inteligencia, que no es poco.
Algún día, tal vez, se dé cuenta de que no sólo hablando se hará inteligente. Comenzó queriendo cambiar el mundo y ahora es él el que quiere cambiar, pero no hace nada, sólo habla. La vida para él transcurre en estas cuatro pareces. Parece un filósofo, pero no escribe. Habla de amor, pero no mira a nadie a los ojos. Tiene grandes ambiciones, pero no maneja un céntimo.
Pobre, crecer no es suficiente para él, necesita vivir. Algún día, cuando me deje, se lo diré: Para vivir se necesitan palabras, pero además, las palabras necesitan vida.

Helena Trujillo Luque

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Dibujo de Miguel Oscar Menassa


NO VENGO A RECOGER INFINITAS ILUSIONES. VENGO POR EL PRODUCTO DE MI TRABAJO, ESO ES TODO.

La génesis psíquica de las ideas religiosas son presentadas como dogmas, es decir no son precipitados de la experiencia, ni conclusiones del pensamiento: son ilusiones, realizaciones de los deseos más antiguos, intensos y apremiantes de la humanidad. El secreto de su fuerza radica en la fuerza de estos deseos.
Pero una ilusión no es lo mismo que un error, ni es necesariamente un error. Un error es la opinión de que la suciedad engendra los parásitos y una ilusión fue la de Cristóbal Colón, al creer que había descubierto una nueva ruta para llegar a las Indias.
Una de las características más genuinas de la ilusión es la de tener su punto de partida en deseos humanos de los cuales se deriva.
La ilusión no es como la idea delirante, ésta además de poseer una estructura mucho más implicada aparece en abierta contradicción con la realidad; sin embargo la ilusión no tiene necesariamente que ser falsa, es decir irrealizable o contraria a la realidad.
Así, pues, calificamos de ilusión una creencia cuando aparece engendrada por el impulso a la satisfacción de un deseo, prescindiendo de su relación con la realidad, del mismo modo que la ilusión prescinde de toda garantía real. “No vengo a recoger infinitas ilusiones”
Considerando todo lo anteriormente expuesto y que:
-el trabajo es un medio eficaz para, junto con otros hombres, transformar la naturaleza y que:
-la inteligencia es el único medio eficaz que poseemos para dominar nuestros instintos, así como:
-la escritura es, originalmente, el lenguaje del ausente y:
-la felicidad, solo, se encuentra en el camino del trabajo y además:
-cuando quiero representar el inconsciente solo es posible por intermedio de la negación y cuando quiero expresar el inconsciente solo es posible por medio de la transferencia.
Repito considerando lo anterior, ahora, podemos decir que cuando el producto del trabajo excede en su valor el trabajo medio necesario para ser producido, se genera lo que todos conocemos con el nombre de plusvalía y en ese momento hay dos fundaciones: el dinero se funda como capital, y aparece el valor de cambio, lo más notable, lo más aparente de la mercancía, es en realidad, la forma de mostrarse, la forma de escenificarse de esa mercancía. “Vengo por el producto de mi trabajo”
Y como psicoanalista sabemos que: cuando se dice del trabajo que es una categoría central, se está diciendo algo muy importante, porque cuando se dice que el trabajo del psicoanalista no es muy valorizado se ve en los tratamientos psicoanalíticos el que hace de paciente, yo mismo, puedo llegar a pensar cualquier cosa, desde que el psicoanalista tiene una magia, que es un sabio, cualquier cosa; nunca o casi nunca que ese señor está realizando un trabajo con instrumentos de precisión y que la maravilla bien se podría atribuir a la destreza del trabajo. Frente a una interpretación a nadie se le ocurre pensar que es el producto de un trabajo.
No conviene equivocarse, pues es una característica del trabajo, que el producto efecto de un trabajo anterior, puede pasar a un segundo trabajo como materia prima o instrumento, pero eso ya es otro trabajo.
Lo que si es posible es la unión de la materia y el pensamiento, en la idea de la finalidad, ahí está todo entero. En el proyecto está el producto final, se materializa esa unión de pensamiento y materia, concreto de pensamiento, donde la división del trabajo produce civilización. “Eso es todo”
Carlos Fernández

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Dibujo de Miguel Oscar Menassa


Un cambio de política no quiere decir, exactamente, un cambio de ideología.

Política: Conjunto de prácticas, hechos, instituciones y determinaciones del gobierno de un estado o de una sociedad; modo de ejercer la autoridad un estado o de una sociedad. Conducta seguida en los asuntos particulares. Comportamiento prudente y hábil para conseguir un determinado fin.

Ideología: Conjunto de ideas que caracterizan a una persona, grupo, época o movimiento cultural, religioso o político. Conjunto de representaciones coherentes en las que una clase social se reconoce y de las que se sirve en su lucha contra otra clase para imponer su dominio.

Como vemos, son términos que operan en diferentes niveles de la realidad.

La política tiene que ver con acciones, hechos, intervenciones en la realidad concretos.
La ideología tiene que ver con pensamientos, juicios de valor, con la moral. Es una visión del mundo.

La política tiene que ver con el principio de realidad. Es necesaria una lectura de la realidad para planificar las acciones necesarias.
La ideología se transmite por la leche materna, sobredetermina al sujeto.

La política es necesaria en todo tipo de relaciones humanas.
La ideología determina la política a seguir.

Una política eficaz es lo que debería exigirse a todo político, sea de la ideología que sea.
En otro orden de cosas, también podríamos explicar así el asunto:

Arremangada servidumbre del amor
espera, impávida, mi regreso.

Encuentro hábitos que no fui,
lágrimas descargadas al amanecer
entre huecas intenciones: acaparar
la hendidura
cubierta de moho y rancias excusas,
antes de diagramar el último adiós.

Servida la venganza, recompuesto
el ritmo de hálitos esenciales,
todo inicio será espectáculo,
ávida razón de permanencia,
atenuada
en cálculos inaccesibles al corazón.

Después, aún, respirar de nuevo
en el límite, mientras la piel arremete,
una vez más, contra los ojos,
ciegos,
de algún dios desprevenido.
Carmen Salamanca

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Cuadro: Opiniones encontradas de Miguel Oscar Menassa


¡AY! ¡QUÉ TRABAJO ME CUESTA QUERERTE COMO TE QUIERO!

“En el goce más superficial, más etéreo, hay un trabajo”
¡Ojala escribir esta página me cueste menos trabajo que empezar a escribirla!
Mi amiga Eusebia dice siempre que quieres ser escritora pero el mismo olor de la tinta la enferma. Las páginas blancas la enferman. Los signos de puntuación la enferman. Ella quiere pero al borde del precipicio (de lo que llamaba el precipicio) no se atreve a dejarse volar, no se atreve a una ninguna alegría.
Escribir era para ella un eterno paseo por el pasado porque ¿quién se atreve a escribir en presente? Suele empezar muchas de sus frases por “ ¡Con lo que me cuesta a mí! ”.
Su marido, D. Ildefonso, un hombre de armas tomar, después de escucharla suspirar a lo largo de toda la semana suspirar:
“¡Con lo que me cuesta a mí escribir una página!” dijo rotundo….”
“¿Qué pasa, nena, con esta página? Déjate de joder… Cada semana lo mismo…¡La paja…la paja… la página de la nena! Ven aquí que te voy a enseñar yo como se escribe una página. ¿Es que tu famoso profesor que tanto se la da de escritor no te enseñó nada!
Ven… nena. Ven… Trae el cuadernito y la lapicera…¡Eso! ¡Eso es!..Ponte cómoda sobre el sofá. Mira…Así como te gustaa ti leer en la cama ¡ Asi! El cuadernito encima del sofá y tú comodita sobre estas dos piernas que te regaló Dios…¡Eso es, bonita!..Coge el lápiz…¡Muy bien! Ahora ¡empieza a escribir, empieza …sin pensar!Y ella esta vez empezó a escribir porque a él, casi siempre le obedecía.Muy bien, mi nena… Muy, bien…”
Y mientras ella empezaba a escribir, él le bajo suavemente las braguitas por atrás, le rozó amorosamente la nalguita y al primer estremecimiento, al primer gemido se la metió bien metida susurrándole al oído: ” Sigue escribiendo, querida… Sigue como si nada…Ya verás…¡Llegaremos juntos al punto final!”
Mi amiga, emocionada por su propio relato, me contó con las mejillas encendidas que siguió escribiendo, primero lentamente, con fruición, como si quisiera que durase toda la vida; después con frenesí…Quería llegar…Quería llegar, llegar al final… de la página.
¡El punto final fue una maravilla!
Sabes, me dijo mi amiga, las mejillas aun encendidas por la emoción del cálido relato… Sabes… Ahora está decidido: “Quiero escribir una novela.”


Claire Deloupy Marchand


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Dibujo de Miguel Oscar Menassa
NO PUEDO

No puedo darme cuenta de todo porque me daría cuenta de que
no puedo.


Hociquea la bestia encadenada
suelta babas de rabia envenenada
gritando en su locura ¡Libertad!

Yo creía, repite, que el mundo era
tal cual lo imaginaba.

El ígneo acero se moldeaba dócilmente
al influjo fatal de mi mirada.
No había días y noches
aunque el sol reluciera o se apagara.
Ningún espejo reflejaba en soledad.

Cortinas de humo desdibujaban
la distancia entre los otros y lo mío.

Nublados ojos, apaciguados sentimientos
y frío, gélidos huracanes
atravesando mi sexo.

Hay días que la bestia quiere sola.
Ser la creación y lo creado
y resiste al dolor mortal que le acompaña.

Se aferra a algún amor idealizado,
a algún pensamiento
que traiga un saber sobre el vivir.
Una historia que la encadene al siglo.

Poco a poco la angustia va cediendo.
Los límites del cuerpo se agigantan,
escapan de la jaula.
abandonan mi yo enmohecido
se disipan los callos de la mente.

No puedo, no puedo,
no puedo sin ustedes, camaradas.

Olga de Lucia

sábado, 14 de marzo de 2009

TALLER POESÍA SÁBADO 14-03-09


GRUPO DE POESÍA DE LOS SÁBADOS A LAS 18:00 h

-revista virtual-

COORDINADOR : MIGUEL OSCAR MENASSA

NÚMERO - 8- 14/03/09
Semana a semana iremos mostrando en este blog el producto del trabajo realizado en el Taller virtual de poesía los sábados a las 18:00 h de la Escuela de Poesía Grupo Cero, coordinado por el poeta Miguel Oscar Menassa

Cuadro: Por ahora de Miguel Menassa



CAMINANDO HACIA UN DESPERTAR

Caminábamos
todos los días
uno al lado del otro
de la mano
del brazo
o simplemente mirándonos a los ojos.
Buscábamos
todos los días
sin saber exactamente qué.
Era como vivir un sueño constante
un cierto grado de sopor,
algo de sonambulismo.
De pronto
ocurrió
y supimos
que ese era el motivo de la búsqueda.
Los ojos exageradamente abiertos
despertábamos.
Rodeados, inundados de fantasía y sueño
una realidad que no advertíamos
plena
formando la inmensidad de nuestras vidas.

María Chévez

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Cuadro: Indios Grises en concierto de Miguel Menassa




VENDAVALES AZULES

Venía del sur, era un desaforado,
traía el alivio en su mirada
y razones para seguir viajando.

No era un hombre como todos pensaban,
eran vendavales azules
que algún dios ponía sobre la tierra
a nuestro alcance.

Nos protegimos del ruido
que acercaba furioso su figura,
algunos pocos gritaron por todos lados
¡tened cuidado artistas inofensivos,
vosotros no portaís el arte!

Desesperados, otros buscaron
incansables huellas en los cementerios
y nada encontraron.
No era un hombre como todos los hombres.

Su figura era esbelta y azulada,
arrasaban sus pasos los rostros impávidos,
los detenidos,
los ausentes,
los poseídos,
los sabiondos,
y los pobres.

Otros siguieron la máquina del tiempo,
sin saber que se trataba de un viento fuerte,
un viento que venía del sur
y arrasaba viviendas,
destruía muros,
un imparable,
manifiesto de otras tierras.

¿Quién podría pararlo?
No era un hombre,
eran vendavales azules
para los pocos despiertos
en un universo cruel y absurdo,
alojado en mares subterráneos,
siempre inaugurando desiertos.

Lucía Serrano
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Cuadro: Fragancias inconcebibles de Miguel Menassa




UNA CAIDA DESDE EL VACIO


Revisé el mar y encontré zócalos submarinos
y un olor a orilla natal, donde alguna vez estuve sumergida,
y huí
como un jinete vestido con espuma a ninguna ribera,
a ningún inicio porque mi gloria estaba en las arenas
y sólo quería detenerme donde empieza el desierto,
una palabra más, que se combina con destierro.
Sobre esqueletos marinos voló mi infancia y todo lo simple quedó allí.
Después, sólo un después, la vida se espesó
y buscó su sombra en los reinos de algún Dios
que me gritó: Mendiga.
No pedí mas,
y eché al fuego algunos manuscritos
algún poema endeble,
algún clamor de Príncipe exiliado brotando de mis labios como una insurrección.
Cayó mi imperio
fundado por tumultos, pasiones, averías, argumentos inútiles
metidos como hocicos que venteaban el paso sin pausa de ese tornado
que se apiadó de mí y fue mi aliento,
que pronunció una sola y larga frase contando mis errores,
esa manera equivocada y desabrida de estar como una miliciana
cuidando que no se muevan las arenas con el viento.
No fue la soledad, fue la caída,
un golpe en la cabeza y me dormí soñando un sueño sin imágenes
un sólo de violín,
algunas notas y cuerdas enredando mis brazos
y quedé allí, donde quedó lo simple, desnuda marioneta flotando entre las nubes.



Norma Menassa

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Cuadro: Jardín primitivo de Manuel Menassa




CAMARADA, CAYENDO ME FUI DANDO CUENTA...




“Cayendo me fui dando cuenta”
Miguel Oscar Menassa



En la madrugada,
la luna se erguía sobre su cabeza
iluminando el campo de batalla.
Imaginó sus pechos.
Extendió su mano con el cigarrillo entre los dedos,
apenas la tocaba
cuando una lágrima perdida le recordó donde estaba,
y cerrando los ojos la olvidó.

Mas tarde, le fue fácil imaginar su perfume
en la helada brisa mortecina que sentía su cara.
Me dijo:
-Mañana, camarada, le escribiré otra carta-
No imaginó en ese instante
que a la escena le convendría un testamento.

Caía la luna en un ojo mezquino y su dedo,
una abeja ocre encontró el pecho del soldado
y se alojó en su corazón colmena.
Un grito impregnó el campo de batalla
-no era diferente a otros gritos-.

Yo sé que todavía me miraba
como si todos nosotros nos fuéramos
y él se quedará.
Si pudiera hablar me hubiera dicho:
-camarada, cayendo me fui dando cuenta,
ya no tengo quién me escriba-

Manuel Menassa



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Cuadro: Magnolias encubiertas de Fabián Menassa





VOLVER Y DETENERSE

Volver y detenerse, nos dijeron.
Volver y detenerse en los lugares
donde niños, mataron la esperanza,
donde el mundo fue haciendo caer
una a una nuestras ilusiones de juguete;
alucinados por el destello fulgurante,
desubicados, solos, siempre solos,
hemos resuelto continuar; tomar, algún camino



Fabián Menassa de Lucia



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Cuadro: El mercader de Venecia de Miguel Menassa




SOMBRAS NADA MÁS



La noche,
silencio,
abatida en la soledad.
No caben esperanzas,
todo termina aquí.
Se apagaron los colores,
cesaron los sonidos,
ni yo misma puedo reconocerme.
¿Dónde estoy? ¿Por qué esta crueldad?
Mucho he leído del infortunio,
del fin de los días,
no esperaba que hoy, aquí,
acabara todo.

¿Dónde están los amaneceres?
¿Dónde mis ilusiones?
¿Dónde mis redondas formas otrora llenas de vida?
Sombras nada más me rodean,
proyectadas desde ángulos imposibles,
creando formas de espanto.
Permanezco inmóvil, ni cuerpo poseo,
esperando llenarme de ese vacío,
entregándome a un nuevo destino
no por inesperado, menos real.
Tómame, no soy nada, una sombra nada más.

Helena Trujillo

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Cuadro: Restos del naufragio de Carlos Fernández






VOLVIENDO DE PARIS

Botas negras, cosidas con cordel rojo amianto,
me llevaron como el mercurio a la cumbre
donde la fiebre conversa con el astro rey de la noche,
sobre legendarias historias de amor que nunca contaré.
¡Oh farolas de Paris, si tu luz no me hubiera cegado!

Mi perfil es una capa negra cosida a mano con ribetes de oro
y un botón de marfil es mi carácter, custodiando
la daga oculta al traficante de sueños, que osara
arrancar de mis labios, tu residencia en mis versos.
¡Oh Paris, si te hubiera conocido el siglo pasado!

Trenzas longitud cintura.
Rosada tez de tersura luna.
Blanco en lo sutil las manos.
Y como corresponde al terciopelo,
tu piel, era el veneno en el crimen de no volver.
¡Oh, Paris, si te hubiera visitado el siglo pasado!

Pero nada de eso sucedió, tus jaulas de hierro,
el ferroviario destino de la pasión,
la calle estrecha donde te besé de penumbra en la mejilla,
la farola donde me fumé la vida esperando la luz intermitente de:
puedes subir, ya se fue a trabajar!
¡Oh Paris, tantas cerillas consumí, el siglo pasado!

Ninguna fotografía conservo de aquel lunar tuyo
cerca de la comisura, donde mi sed te vencía.
No hay rastros del cordel de tu corpiño, que tantas veces
marcó las falanges de mis dedos hambrientos.

Nada queda de mi capa, ni de mis botas de gato
cosidas con un cordel de rojo amianto, maullando
en la calle estrecha y en penumbra al reflejo de la farola,
encendiendo todas las cerillas menos una,
porque la vida me enseño que, el último cigarro
¡oh Paris si te hubiera besado el siglo pasado,
oh María, siempre se fuma en compañía!

Carlos Fernández

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Cuadro: Lejanía de Carmen Salamanca



REINADO DE NUBES


En la insólita cabellera del tiempo,
el incesante subterfugio de las ideas
acapara tímidas escapatorias, a ras de la verdad.

Sincopados ritmos de antiguas estaciones,
recauchutadas en sentido opuesto al espectáculo,
recomponen recíprocas imitaciones del absurdo.

Ningún límite opacará la espera, estallando
en el entramado de algún secreto emisario
entre costuras y remiendos, perseguidos al amanecer.

Sin despertar sospechas, reitero con sensatez
látigos de coral, bramante encrucijada
a medio camino de algún destino infame.

Repuesta la sonrisa sin testigos,
sólo ambarinos plumajes contra la usura:
reinado de nubes en ramalazos de pasión.

Carmen Salamanca

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Cuadro: Retrato de Ana Zborowska de Amadeo Modigliani, reproducción de Claire Deloupy







BRÚJULA EN LA OSCURIDAD


“Si te postran diez veces, te levantas…”

Almafuerte



Mira el riachuelo…
¡Acaso se detiene por las piedras!
¡Acaso deja secarse su caudal!

No te compares tanto con los dioses.
Algunos terminaron muy mal.

Ni grandes hazañas
Ni heroicas gestas.
Tú, sigue tu camino
Paso a paso.
Ni te vanaglories
Ni te humilles
Ni te creas que solo caminas.

Un paso tras otro
Pase lo que pase
Sin miedo
Sin rencor.
Y si la angustia te deja sin aliento
No temas
Igual da tu paso.
Ella hace parte del camino.
Sin ella nunca ningún imperio se construyó.
Sin ella no se escribió ningún libro.

Tú, anda el camino.
No acortes el recorrido
Por llegar antes de tiempo.

No huyas de lo nuevo
Ni te achiques.
No desprecies a tus antepasados.
Hazlo mejor si puedes.
De los que te precedieron
No reniegues.
Algo les deberás
Aunque no lo sepas.

Déjate acompañar.
Solo no eres nada.
Con el compañero
Habla y vuelve a hablar.
No dejes al silencio
Deformar la realidad.
Con las palabras
Y los hechos de las palabras
¡Transfórmala!

Con el compañero
Pacta y vuelve a pactar.

Pacta y vuelva a pactar.

De ahí te viene la fuerza.
No de tus atléticas piernas
Ni de tu inteligencia grandiosa.

No te asustes por una piedra
No la transformes en montaña.

Camina, camina…
Abre los ojos
Escucha.

Escucha a los poetas
Locos caminantes del imposible.
Pase lo que pase
Hicieron de sus vidas poesía.
Poesía, para llegar entero
Hasta el punto final.

Poesía, para llegar vivo
Ahí donde nadie te espera.

Poesía…
No hay mejor brújula
En la oscuridad

Claire Deloupy Marchand


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Cuadro: Se abre la noche, de Olga de Lucia




CAMINAR PLENO

Como cien voluntades sometidas
a la letra
notas repetidas una y otra vez
por los violines,
por los dulces oboes
y los robustos chelos
cuerdas y vientos y el silencio.
Un drama se despliega
en ampulosas notas
que desgranan
un corazón hasta vibrar
mis células más íntimas
en un vuelo astral
que no ahoga
porque todo al final es espejismo.
Se multiplican los caminos
cuando desbordo mis límites,
elijo oropeles y rubíes,
calor de humanos y topacios
y músicas y danzas

y bellos colores para alegrar los cuadros.
El pincel no es el camino
es la rama de un árbol

en un bosque que compartimos
más allá, detrás del horizonte.


Olga de Lucia



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Cuadro: Bella con cuello blanco de Marc Chagall, reproducción de Cruz González



EN EL ALBA DEL PRIMER OLVIDO

Tantas cosas olvidadas,
palabras acerca de los azules y las brechas ancladas
a un lado y al otro del océano.

Abismos celestiales
de un acalorado color inmemorial.

Tantos hombres muertos en la guerra
y niños abrasados por el hambre
y ancianos gesticulando palabras porque
¿quién oye a aquél que tiene voz?

Sobre la arena,
diminutos cristales juegan
a las combinaciones infinitas.

Cruz González Cardeñosa


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Cuadro: Muerte y Vida de Gustav Klimt, reproducción de Alejandra Menassa




VEO SURGIR ENTRE LAS SOMBRAS

Ponme una mano aquí, sobre la noche,
hazme crecer oscuras madreselvas entre los tiernos pechos
átame la mirada a las pasiones, el aliento a la cama,
átame a los sueños, para que no se escape la mañana.

Las cuentas del collar que hacemos cada día
son de rosas mezcladas con saliva,
y tu, orfebre de mi sexo, tienes la precisión de un ingeniero
y el alma de un poeta

y haces nacer de mí tus ecuaciones o tus versos,
como hijos del espanto, por millones,
según la intensidad del movimiento,
la fuerza de tu pelvis, la velocidad de la tonada.

Recitas en inglés a un Shakespeare que desconozco
y yo te amo, sobre las altas torres de París,
con un sombrero ruso de piel con orejeras,
a 30 grados bajo el sol abrasador de Nôtre Dame.

Somos una estrella partida,
Descuartizado astro,
la rota voz de los acíbares,
el oro milenario de los Incas,
la última esperanza de Occidente,
el ave Fénix irreductible en sus cenizas.

Veo surgir entre las sombras, tu rostro
aquél que porta la llave de los besos,
aquél que sostiene la mirada del sol,
pupilas encendidas del deseo.

Me deslumbra la dicha de tenerte y no tenerte,
Se me deshace el nudo en la garganta,
se me pueblan los ojos de calandrias,
se desparrama el amor de tanto agitarlo por las noches.

Te vendo, por unas monedas de esperanza,
el alma que me falta.

Alejandra Menassa de Lucia

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Cuadro: Cuando estábamos con gente de Miguel Menassa




ESPERANDO TU LLAMADA

Espero tu llamada, esta vez no pretendo
ni joyas ni jardines que engalanen mi casa.
Mil vidas y una sola que crecen confiadas
en prolongar la espera, entretienen el tiempo.

Tu mundo infinito y pequeño, tan vasto como el hombre,
tan breve como un verso, entreteje mis horas,
me viste de amazona y surco, flecha en mano
por terrenos heroicos, tropiezo levemente y sigo
paseando por caminos que trazas para los pies humanos.

Espero tu llamada mientras pasan tormentas
y mis pupilas ceden su ritmo acompasado
y se cansan mis manos que enarbolan la tinta,
aquellas que recogen en las redes de pesca
las miles de señales que marcaron tus gestos.

Espero tu llamada, mientras mi vida crece
mortal a cada instante, hasta la muerte misma.
No importa si demoras, he renunciado a hados,
nunca me visitaron porque nunca existieron.

Cuando mis huesos blanqueen,
cuando ebúrneos se deshagan en polvo
permaneces tan viva que a cada instante espero tu llamada.


Pilar Rojas


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Cuadro: Atardecer en el Retiro de Miguel Menassa




ALZANDO LOS OJOS

En la plenitud de la noche,
voy segando las horas muertas.
Los capiteles que sostenían mi amargura
va agotando su aliento,
mientras un fuego gélido
enardece mis nervios,
y como árbol que nace de mi cuello
me enraízo a una vida nueva,
para abandonar ese juego ciego y crítico,
y no dejar que la vida se hunda en el dolor.

Miguel Martínez Fondón


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Cuadro: El frescor de tu voz de Amelia Díez





DESNUDA DE ABRAZOS

Acerco a tu mano mi pensamiento
mi pensamiento a tu espalda,
rozo mis labios con tus labios,
arrastro la cúspide de tu radio
hacia mi circunferencia maldita
por los cánones y discursos
mundialmente consecutivos
a la verdad que huye tras el vértice
de mi goce siempre ajeno.
Abandono mi vulva sobre la noche
que arde entre tu movimiento
y mi quietud se apaga en la oscuridad
ausente entre tus ojos y los míos.
Cuando te alejas me desnudo de abrazos,
y comienzo a cantar.



Amelia Díez

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Cuadro: Amor sin fronteras de Miguel Menassa





QUEBRANTO DE LOS DÍAS

Ante la aflicción, el dolor o la pena de los días
arrullada por las márgenes de esta mujer que me envuelve
descifro con vacuidad de pensamiento los pormenores del destino:
Nadie me dijo que la vida era siempre hacia delante, firme hacia el frente,
caminado huellas de otros pasos, haciendo huellas,
dejando en el camino la marca del caminar.

¿Quién puede con tanta solemnidad?
¿Acaso es necesario vestirse de gala y celebrar haber nacido?
¿Quién puede con la pérdida?

Este daño de vivir y ser palabra,
y navegar victoriosa por los mares de tu piel
sin hundirme, sin dejar nada, siempre hacia delante,
huyendo del profundo fluir para no temer la vuelta
para silenciar los goznes que abren y cierran las puertas
de este corazón enamorado, latiendo bajo mi pecho.

Magdalena Salamanca

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Cuadro: Abandonada, de Miguel Menassa




CIEGAS VENTANAS HERÍAN MI ALMA

En la calle todo puede advertirse:
la casa de la esquina, el balcón de flores,
los adoquines desgastados por el tiempo,
la lluvia en los tejados
o la penumbra de una ciudad desnuda y abierta.

Sueño con un sueño.

Levanto la cabeza y el viento,
embriagado con un amor extraño,
disiente de todo mi dolor.

No quiere paisajes tristes.

Pienso, cómo decirle,
que ciegas ventanas habían herido mi alma.
En algún momento, me hizo ilusión pensar
que aquella tristeza,
no era mía.

Mónica López Bordón

sábado, 7 de marzo de 2009

TALLER POESÍA SÁBADO 07-03-09



GRUPO DE POESÍA DE LOS SÁBADOS A LAS 18:00 h
-revista virtual-
COORDINADOR : MIGUEL OSCAR MENASSA
NÚMERO - 7- 07/03/09
Semana a semana iremos mostrando en este blog el producto del trabajo realizado en el Taller virtual de poesía los sábados a las 18:00 h de la Escuela de Poesía Grupo Cero, coordinado por el poeta Miguel Oscar Menassa.



Cuadro: Iremos por los más bellos ríos. Miguel Menassa

ESTA VEZ TAMBIÉN HICIMOS EL AMOR EN BUENOS AIRES


Un soplo original llevando mis pasos a tu encuentro.
Una humedad dando al abismo y la neblina
mis labios vivos pronunciando otros nombres de ausencia
para poder jugar en un vasto anfiteatro espantando
la misma queja sin medida sobre
la inapropiada propiedad a la que me rendía confinada.

Esta vez no divisé las cosas errantes de este mundo
siempre hubo el amor y este furor sobre la cima del deseo
con su ala de gaviota trastornada.

Gran manipulador de encuentros el viento sobre el río
husmeaba el tema de la nada y tu mano en mi mano tomaba tal altura
que terminó cortada a pique en el umbral de casa,
mientras que en los confines un coro de muchachas malqueridas
erraban temerosas entre ilícitos en medio de la vida ciudadana.

Sobre el lecho que luego abandonamos
quedó el poema de la noche en medio del despojo,
cabellos en la almohada, plumas volcadas en la alfombra,
susurros de un lenguaje puro, con palabras aladas, sin oficio,
nombrándonos entre mi árido perfume a siempre viva
y tu perfume de axila encadenando el curso del ciclón sobre este mapa
para configurar el rostro de algún sueño.

Partimos como parten los buques de la infancia
en medio de un sonido y no bastaba reír bajo las lágrimas,
hicimos el amor en este puerto,
tu te quedaste velando entre las guerras
yo quedé ciega aliviando el dolor de la demencia
en un gran almacén vendiendo fábulas.

Norma Menassa


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Cuadro: Navegábamos, de Miguel Menassa.





ADIOS, PUES EL POETA HA DE SEGUIR VIAJANDO


Como una luz titilando en la noche
Ella, poesía
recorre el infinito.
Y aunque el poeta
-tantas veces-
se sienta pequeño,
frente a la inmensidad
busca la fuerza
-indispensable-
para el gran encuentro.
Ella,poesía
va con nosotros
se posa en unos y otros
y nos abraza
-tierna- con sus dones;
los senderos son diferentes
y los recorremos
casi sin detenernos
para concurrir al encuentro
aunque sea un momento

María Chévez.


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Cuadro: Un día la balsa se partirá. De Miguel Menassa



VIVIR, PORQUE VIVIR, SERÁ LO DIFERENTE


“¿El arte de vivir,
debe imponerse, también,
a los procesos revolucionarios?
Miguel Oscar Menassa

Escribe de la primavera sus ojos de sol.
Deja pasar tranquilamente el día
hasta que muere en una hoja cuando llega la noche.

Escribe un poema sabiendo que es
el punto aniquilado del ocaso y los huesos
fundidos en el corazón
latiendo en toda su muerte.

Algo se identifica en la añoranza
de los suspiros apretados en la vida.

Vivir, porque vivir, será lo diferente
de una gran vida.

Y, en ese preciso instante, le entra
el miedo terrible, feroz y anhelante
de encontrarse consigo misma.
Con la piel perpetua, escénica, voraz,
suavísima, vencida en plena lágrima,
melancólica, quebrada o ávida.
Como si fuera el apóstrofe de un gran soneto.

Esa mujer, un poco abatida,
se levanta, esta vez, viendo las manos,
millones de manos alzadas al cielo,
con el puño en alto pidiendo la libertad,
la que tendrá la luz,
los deseos multiplicados
y el futuro sentado a la mesa.

Añora la paz de otros tiempos,
la paz y un gesto de amor.
Regresa como una pasajera del tiempo
envuelta en los labios del océano,
es carne de vida,
el más allá,
el dolor y la loca soledad
asomada entre las sombras.

Una voz le dice:
Tienes que saberlo: el mundo es infinito.
Hay quien sabe del odio y del rencor,
de las miserias, de la cárcel y otras fronteras.
Hay quien sabe del abismo negro y del silencio…

Ya, le dijo la mujer,
sin embargo,
nosotros danzaremos vencedores.

Entonces, la voz,
enmudeció.


Mónica López Bordón

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Cuadro: Remad hasta quedar sin fuerzas. Miguel Menassa



NO SOY LA TRISTE FLOR QUE SE DERRAMA JUNTO AL FUEGO


No soy la triste flor que se derrama junto al fuego,
ni la acequia que, seca, recorre sin caudal la tierra,
no soy ni el gusano ni la bella mariposa que en ti descansa.

Soy esa coma que prodiga la respiración pausada,
el secreto del viticultor, su paciencia ante la amada,
la atlética enredadera, saltadora de obstáculos,
el calendario que se pierde entre los días,
soy un lunes, sí, un lunes blanqueado, poroso, almidonado y fértil.

No soy el compás del funesto encuentro con la muerte
ni los celibatos que se esconden debajo de las sotanas,
no soy la pequeña y sutil piedra que al caminar molesta.

Soy el brío de la blandiente espada en la batalla
la tersura de tu juventud clavada en la mirada
el azogue que baila un ritmo de zamba,
posible misterio recorriendo la espalda,
soy para ti, la palabra, naciente sol de madrugada.


Magdalena Salamanca

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Cuadro: Líquidas consecuencias. Amelia Díez



UN POEMA EN SÍ MISMO

Perpleja y estupefacta ante mí misma,
rota por la palabra y encadenada,
giro y giro entre las letras y no me encuentro,
busco y busco un verso maniatado en un poema
y una nostalgia se ata a mi memoria y huye con el verbo.
Escondo los nombres bajo su propio olvido,
recorro sin prisa un futuro apalabrado
caigo bajo los unos y los otros, y hablo.
He nacido entre páginas escritas
y páginas en blanco, entre futuro y pasado,
entre hombres y mujeres.
Después he roto el juego imaginario,
he resbalado como tinta sobre el tiempo
he abierto mis manos a la letra
y he seguido descalza un destino
hecho a golpe de mano y sueño.
Un poema en sí mismo.


Amelia Díez Cuesta


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Cuadro: Reinado de nubes, de Miguel Menassa.




A CIERTAS HORAS DE LA NOCHE


Somos como cajas de violines
donde suenan llantos de mujeres.

El gemido se dejó caer
cual torre plácida sobre
el plenilunio de las horas

Parece que te yergues a cada paso.

Tus dientes relucen en la sombra
y te acosan las miradas decadentes
e irritadas por una libertad que no llega.

Virgen de ti, prudente estrella.
¿ vivía el héroe de tu juventud
a destiempo exprimido en la pureza de tu sexo?

Algo te impulsa como torrente viento.

La tempestad del mundo arruinó
la felicidad de tu fruto más dulce.
Y no pudiste expulsar al mundo de tu vientre,
porque has carecido del valor necesario
para desprenderte de tu pacto:
un soplo, alrededor de la nada.


Miguel Martínez Fondón
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Cuadro: La visionaria, de Miguel Menassa.


FUÍ DESDE EL COMIENZO UN INCALCULABLE ERROR


Abandoné las espesas paredes que poblaban mis sentidos,
las ciegas ventanas que herían mi alma,
los recuerdos familiares,
los ruidos de la ignorancia,
la delirante humildad iluminada.

Después, en la penumbra,
abrazé la rompiente ola sobre el acantilado,
me arrastré por el barro de la calma, del miedo,
y con los poros erectos
y los brazos al viento,
en silencio,
ante lo inevitable,
tomé el vuelo de la palabra.

Paisajes de arena,
de dulce sudor,
de pensamientos trasnochados,
de rencores estancados,
de dedos cubiertos por incalculables errores,
de comienzos sostenidos por el hambre,
de pasados engendros del azar y del hastío,
hablaban y hablaban,
y yo, con lentitud,
entre simuladas catástrofes y grandes aguaceros,
seguí volando, desesperadamente.


Vicente Prada Gómez.

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Cuadro: Encuentra su reinado. Miguel Menassa.


HAY COSAS DE LA INFANCIA QUE NO VUELVEN

Las noches se pueblan de cálidos dragones,
que convocan, al abrigo de estrellas, mágicos juramentos.
Mientras el crujir de sedas salvajes despierta el último Dorado,
mis huesos, pequeños, aún blandos y flexibles,
reniegan del erguido caminar de los mansos,
se recubren de acerados vestidos,
y nombran caballero, a ella, la sombra que me sigue.

Risas desaforadas cayendo en cataratas llaman a la batalla,
y un ejército, enardecido, se desliza por la suave pradera inundada de juncos.
Batallones de olores se despliegan con táctica estudiada,
al compás de la pólvora festiva que despeja pasiones apacibles.

Mil batallas ganadas en los sueños de lánguidos veranos
se alejan del recuerdo de una infancia acabada,
y un eco del pasado repite que hay cosas de la infancia que no vuelven.

Pilar Rojas


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Cuadro: Las tres edades de la mujer, de Gustav Klimt, reproducción de Alejandra Menassa.



TENGO POR HABER ATRAVESADO…
Tengo…
Tu lanza en el costado, poesía,
el rumor de los versos en mi oído,
la pluma de los poetas en mi pluma,
Tengo
el aliento del amado entre mis dedos,
su piel en mis huellas dactilares,
su sueño en mi desvelo
Tengo
La rosa de su carne en mis mañanas,
su caricia en mis arcas
sus besos : alas en mi espalda
Tengo por haber atravesado…
Especiales aludes de palabras,
tormenta de vocablos y magnolias
sonrisas y guiños de las páginas.
Por haber atravesado
tu cuerpo como un sueño o un fantasma,
el manto de tu noche con sus estrellas apagadas,
la flor de la distancia
Tengo, por humana,
el oscuro,
el misterioso,
el sin par,
el efímero,
don de la palabra.

Alejandra Menassa de Lucia
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Cuadro: Judío orando (el rabino de Vitebsk), de Marc Chagall, reproducción de Cruz González.

TERRORES Y UNGÜENTOS DEL PASADO

Vienen del mar y traen consigo utensilios de labranza,
parábolas del horror y la desdicha,
cantaros de libertad, que agitan y distribuyen en copas de cristal,
para ver, mientras beben, los ojos del adversario.

Son bárbaros y visionarios, reyes que matan para no morir
y mueren en manos de alguna sombra del pasado.

Son santos, que esconden su desnudez
con sayos y cilicios de plata.
Robustos hombres de papel,
adustas señoritas de lana impenitente.

Cada lugar de la tierra tiene sus inquinas y sus leyes,
cada pared esconde, entre las piedras,
voluntades perdidas, tesoros enterrados y belleza.

Terrores y ungüentos del pasado que piden su esquela mortuoria:
un réquiem escrito en alguna lápida, una flor con la que purificar
los inviernos sin sol y una orquesta que atraviese la muerte.

Cruz González Cardeñosa

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Cuadro: Veo surgir entre las sombras. Miguel Menassa


PÁJARO DE MONTAÑAS NEVADAS

Pájaro de la sangre
y el espanto,
pájaro que bebes sombras,
pájaro turbio,
llanto débil,
duelo sobre las piedras.

Pájaro sin lágrimas,
venas de soledad,
dulce red nostalgiosa,
techo y lecho,
hielo de las madrugadas.

Pájaro de montañas nevadas,
pájaro que circundas los abismos,
mundo de altas olas,
ciegos rostros del silencio.

Pájaro del instante mío,
aquél naciendo triste,
pájaro de luz,
pájaro del poema.

Pájaro del aire,
invencible amor
de las palabras,
pájaro del mañana,
garganta de la nada,
blancas vuelan montañas.

Lucía Serrano

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Cuadro: Hércules y Ónfala. De Francisco de Goya y Lucientes, reproducción de Claire Deloupy.




SON MIS FLORES COLORES DE MI VISTA


Esta noche nos han dejado tú y yo
frente a frente.
Entre tú y yo
sólo la pantalla
y mis manos que se agitan
a un ritmo que no controlo.
Es hermoso y temible
tener toda la noche por delante.
Aquí, el tiempo es diferente.
Espacio de libertad
entre vida y muerte.
En esa misma pantalla
el mundo está a mi alcance
sus ruidos
sus movimientos
sus olores
su estruendo imparable.

Mas, doy a un sola tecla
y estoy de nuevo frente a ti.

Todo es aún posible.

Frente a ti...
Pero ¿Quién eres?

Hoy, todo se hizo silencio.
Callada, la piel es un reino de sombras.
Para volver hacia la luz no basta voluntad.
No bastan los días felices
ni los dedos acompasados del tiempo.
Deseos enlazados con fuerza
abarcan el retorno.
Colores arrancados a la noche
amores nacidos del amor
perlas de la vida.
Tiernas campánulas
valientes y combativas
en el cotidiano
juego de la vida.
Para volver
del vértigo
de la definitiva oscuridad
palabras compañeras
se necesitan
hilvanadas una a una
sin miedo
sin descanso
en tu jardín siempre vivo,
poesía.

Claire Deloupy Marchand.

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Cuadro: Lejanía. Carmen Salamanca.

EL MINUTO

“Soy, en la quinta luna de saturno,
el ojo que mira el universo”
Miguel Oscar Menassa

El minuto acontece transversal y conspicuo,
llanto amenazado de estúpidas cabriolas
con el alma derretida por el fulgor de la mañana.

Súbito estruendo de la confusión definitiva,
a raudales desgajada en el instante primigenio de la partida
y su lenta extenuación frente a la muerte.

Despojado de todo rencor en materia de experiencias,
desahuciado de confusos rituales de incertidumbre,
elimino, de las raíces, el sopor que inunda el universo.

Nada de alquimias para este recoveco
percutido de estigmas y maduras concepciones,
rutas de quebranto inoportuno. Nada que ofrecer
y, sin embargo, acuosas combinaciones
resucitan el espíritu de lo eterno en mi regreso.

Nacido de un dios sin consecuencias,
elijo, para el hombre, osadía en la contienda
frente a la legendaria esclavitud de su ceguera.

Carmen Salamanca.

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Cuadro: Desnudo Azul. De Matisse.


NAVEGO Y NAVEGAR NO ALCANZA

Y dijo el sabio subido en el carro de madera elevando
al cielo su gayata de negrillo:
¡Declaro inaugurada la cosecha!
Ahora pueden los aperos comenzar el baile de brazos
tornasolados, al seco aire de castilla, como un juez
severo y preciso, sobre el cuello tallado de la espiga.

Las cuadrillas de hombres serán festejadas, con un botijo
de arcilla, cada hora exacta, en el girar de mulo
sobre la era alumbrada por el sudor, cuando se confunda
hambre y sed, sobre la camisa empapada del más no poder.

Mujeres estarán con su presencia de mandil y zueco, asegurando
merienda y siesta bajo el roble o la encina,
según sea el estado viril y saludable, el domingo, después de misa.

Todo mozalbete pronto aprende en la meseta
los sutiles repiques de campana: boda, funeral o fuego.

Cerrar la cancela al salir de la huerta,
no hacer leña del árbol, por el rayo hendido,
de cuyas raíces no fueras el dueño
y anunciar en los tablones de la plaza,
la ruta de la tasca donde depositar cada noche
el saco de huesos hurtado en cada puerto
como si fueran de alta mar, el último secreto.

Carlos Fernández

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Cuadro: Si es posible el poema, es posible la vida.



EN EL ENCUENTRO CON LO NUEVO

Fuera ataduras, fuera lazos de sangre y amistad.
El poeta no se alía con nadie.
No esperéis de mí sonrisas ni buenas palabras,
mi trabajo es duro y constante.
No puedo acompañaros en paseos
ni en brindis nocturnos.
Amar sólo puedo a mi único dueño.
Noche y día me llama a su lado,
su sed me reclama.
Siempre otro ante él,
me hace fuerte, constante, poderoso.
Cuando me falta, cuando le fallo,
cuando me dejo seducir por otros cuerpos,
ríos de lágrimas borran las páginas.
En el encuentro, cada vez, con lo nuevo,
con mi poeta, cuando soy capaz de daros todo,
nace el poema que cambia mi vida
que da otra luz tus ojos.

Helena Trujillo Luque

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Cuadro: Me dejo conducir a la deriva




DE PEQUEÑA ESCUCHABA HABLAR A LOS MAYORES

En medio de festejos y borrascas,
mares de dudas y preguntas,
comandaba la investigación, un barco
estremecido por el movimiento de las olas.
El timón desorbitado por los cambios
imponía dar un orden a la ruta:
emprender el camino de la vida.
Sin volver atrás, lentamente,
escuchando atentamente a los mayores
supe qué decían y ocultaban.
Las piezas del puzzle llegaron a conformar alguna verdad.
Dijeron sin decir del sexo y de la muerte.
Superada la magia de los cuentos,
declinando elaborar la realidad a mi antojo,
me detuve en la antesala del mundo
para comenzar un quehacer que me nombrara
acompañada de las voces que me sostienen como humana.

Olga de Lucia Vicente

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Cuadro: La casa del árbol de Fabián Menassa




SOY UN SER AISLADO, SUSPENDIDO

¿Escuchas el tintineo?
El despertador llama a los muertos a reposo
Depósito de podres carnes,
broza pestilente al sol de la mañana,
inútil mano contra el sonido del tiempo;
mi corazón manjar de tus delirios.

¿Has visto la noche?
El garfio rojo que trae sobre el pecho
llama a los vivos a reposo
Depósito de pútridas pasiones,
desecho pestilente bajo la piel de la bestia
inútil corazón contra desbordes,
mis manos la voz de tus silencios.


Fabián Menassa de Lucia


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Cuadro: Sin salida, de Manuel Menassa
LIBERTAD, ME GRITARON, TRABAJO, ME GRITARON, Y LIBERTAD (MOM)


Puesto que llevo conmigo la sombra de un nombre
hube de haber nacido.

Así lo creyeron otros y así lo supe yo
Acostumbrado al tedio desde el nacimiento.

Ayer el niño se reflejaba en el pozo
Veía el agua cristalina y sentía todo de todas las maneras.

Hoy la profundidad del pozo me da miedo
porque donde tendría que estar ese niño
es el mundo el reflejado
Hoy me queda la risa
de aquel sentir todo de todas las maneras.

Manuel Menassa de Lucia