domingo, 31 de enero de 2010

TALLER DE POESIA SABADOS 30-01-10

GRUPO DE POESÍA DE LOS SÁBADOS A LAS 18:00 h
-revista virtual-
COORDINADOR :
MIGUEL OSCAR MENASSA (Candidato al Premio Nobel de Literatura 2010)

NÚMERO - 41 - 23/01/10
Semana a semana iremos mostrando en este blog el producto del trabajo realizado en el Taller virtual de poesía los sábados a las 18:00 h de la Escuela de Poesía Grupo Cero, coordinado por el poeta Miguel Oscar Menassa

Todos los dibujos son de Miguel Oscar Menassa.




MAÑANA DE DOMINGO

Es terrible
el leve ruido del huevo duro al ser cascado contra el estaño del mostrador
es terrible ese ruido
cuando resuena en la memoria del hombre que tiene hambre
es terrible también la cabeza del hombre
la cabeza del hombre que tiene hambre
cuando se mira a las seis de la mañana
en el cristal de una gran tienda
una cabeza del color del polvo
sin embargo no es su cabeza lo que mira
en el escaparate de Potin
su cabeza de hombre le importa un carajo
no piensa en ella
sueña
imagina otra cabeza
una cabeza de ternera por ejemplo
con salsa vinagreta
o una cabeza de cualquier cosa con tal que sea comestible
y mueve despacio las mandíbulas
despacio
y hace rechinar los dientes despacio
porque el mundo le está tomando el pelo
y él no puede nada contra ese mundo
y cuenta con los dedos un dos tres
un dos tres
hace tres días que no ha comido
y por más que se repita desde hace tres días
Esto no puede durar
esto dura
tres días
tres noches
sin comer
y detrás de esos cristales
esos embutidos esas botellas esas conservas
peces muertos protegidos por las latas
latas protegidas por los cristales
cristales protegidos por la policía
policía protegida por el miedo
cuántas barricadas para seis miserables sardinas...
Un poco más lejos el bar de la esquina
café y cruasanes calientes
el hombre titubea
y en su cabeza
una niebla de palabra
una niebla de palabras
sardinas para comer
huevo duro
café con crema
café con chorro de ron
café con crema
café con crema
¡café con crimen y chorro de sangre!...
Un hombre muy estimado en su barrio
ha sido degollado en pleno día
el asesino el vagabundo le robó
dos francos
o sea un café con chorro de ron
cero franco setenta
dos rebanadas de pan con mantequilla
y veinticinco céntimos para la propina del camarero.
Es terrible
el leve ruido del huevo duro al ser cascado contra el estaño de un mostrador
es terrible ese ruido
cuando resuena en la memoria del hombre que tiene hambre.
Jacques Prevert



MAÑANA DE DOMINGO.

Leyendo a Jacques Prevert


Tembló la tierra.
Domingo a la mañana
a la hora en que las campanas tañen
convocando a consejo,
cuando reunidos se reparten escobas
para barrer el polvo que levantan
los ensueños de la pérfida hambruna,
tembló la tierra.

¿Qué atlante insensato se encogió de hombros?
¿Qué brisa cálida calentó el frío de la ausencia
que había convertido los cuerpos en títeres de circo,
cuando las bocas del mundo estallaron
como globos henchidos de larga servidumbre?

¿Qué ruido atronador sorprendió
los tímpanos ensordecidos
porque el sonido de los esqueletos
no sostenían notas musicales?

Mientras una jadeante multitud poblaba
el espacio vacío de mis ojos,
y manos adustas se extendían
buscando vergeles imposibles,
tembló la tierra.

Pilar Rojas



PUEBLO

Pero ¿qué son las armas: qué pueden, quién ha dicho?
Signo de cobardía son: las armas mejores
aquellas que contienen el proyectil de hueso
son. Mírate las manos.

Las ametralladoras, los aeroplanos, pueblo:
todos los armamentos son nada colocados
delante de la terca bravura que resopla
en tu esqueleto fijo.
Porque un cañón no puede lo que pueden diez dedos:
porque le falta el fuego que en los brazos dispara
un corazón que viene distribuyendo chorros
hasta grabar un hombre.
Poco valen las armas que la sangre no nutre
ante un pueblo de pómulos noblemente dispuestos,
poco valen las armas: les falta voz y frente,
les sobra estruendo y humo.
Poco podrán las armas: les falta corazón.
Separarán de pronto dos cuerpos abrazados,
pero los cuatro brazos avanzarán buscándose
enamoradamente.
Arrasarán un hombre, desclavarán de un vientre
un niño todo lleno de porvenir y sombra,
pero, tras los pedazos y la explosión, la madre
seguirá siendo madre.
Pueblo, chorro que quieren cegar, estrangular,
y salta ante las armas más alto, más potente:
no te estrangularán porque les faltan dedos,
porque te basta sangre.
Las armas son un signo de impotencia: los hombres
se defienden y vencen con el hueso ante todo.
Mirad estas palabras donde me ahondo y dejo
fósforo emocionado.
Un hombre desarmado siempre es un firme bloque:
sabe que no es estéril su firmeza, y resiste.
Y los pueblos se salvan por la fuerza que sopla
desde todos sus muertos.

Miguel Hernández




PUEBLO.

Leyendo a Miguel Hernández

Cuentan los ancianos almendros del cementerio,
la senda de alpargatas, en el pañuelo turquesa del viento,
que en tu melena baila cada alborada.

Como el estaño se hace otoño
pisando espliego el linde que no es frontera, así,
el odio de la piedra
arranca la sangre de tu sien hermana.

Un pueblo, tinta abierta,
tinta derramada en la voz del pliego,
dispuesta a regar tu frente seca de rencor,
con el manantial sudor de tus brazos de fiesta.

Es la voz de una lengua, su poeta, y
un pueblo su patria sedienta de terceros en el acertijo de:
piel de extranjero que me nutre, pueblo de poetas es.

Pueblo es una palabra que puedo,
con las seis letras de mi nombre rotundo decir,
como digo: letra perdida es el deseo
de tu pañuelo atusando, en mis manos de enero, el nombre de tu escribir.

Carlos Fernández




OJO FASCINADOR DE LA SERPIENTE

Poema seleccionado por Cruz González


Ojo fascinador de la serpiente,
robusta sinrazón de las caricias,
besos dejados, librados al azar,
en el vientre perfumado del alba.

Escribo porque escribo,
ya lo dije hace años.
No escribo por amores
y tampoco amo la belleza.

Escribo porque escribo,
como la lluvia cuando llueve
o el viento cuando gime,

con naturalidad,
como si lo que en mí pasara,
pasara desde siglos.

Miguel Oscar Menassa





PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.
César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...

César Vallejo



PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA

Leyendo a César Vallejo

Me moriré en Madrid un día soleado
ineluctable día pero certero.
Me moriré en Madrid – está escrito-
un día señalado por el deseo.

Lunes será, para no perder domingo
y con los seres queridos otra vez haber comido.
Será por las buenas para no amargar el trago
después de haber caminado todo el camino.

Claire Deloupy ha muerto, después de bien vivido.
Fue su largo camino bien acompañado.
Poesía y psicoanálisis fueron sus fieles aliados.

Pintó muchos cuadros, algunos buenos. Escribió prosa y poemas, los mejores publicados.
Aunque triste de partir, murió feliz por haber vivido.

Claire Deloupy





NI SIQUIERA SOY POLVO

No quiero ser quien soy. La avara suerte
me ha deparado el siglo diecisiete,
el polvo y la rutina de Castilla,
las cosas repetidas, la mañana
que, prometiendo el hoy, nos da la víspera,
la plática del cura y del barbero,
la soledad que va dejando el tiempo
y una vaga sobrina analfabeta.
Soy hombre entrado en años. Una página
casual me reveló no usadas voces
que me buscaban, Amadís y Urganda.
Vendí mis tierras y compré los libros
que historian cabalmente las empresas:
el Grial, que recogió la sangre humana
que el Hijo derramó para salvarnos,
el ídolo de oro de Mahoma,
los hierros, las almenas, las banderas
y las operaciones de la magia.
Cristianos caballeros recorrían
los reinos de la tierra, vindicando
el honor ultrajado o imponiendo
justicia con los filos de la espada.
Quiera Dios que un enviado restituya
a nuestro tiempo ese ejercicio noble.
Mis sueños lo divisan. Lo he sentido
a veces en mi triste carne célibe.
No sé aún su nombre. Yo, Quijano,
seré ese paladín. Seré mi sueño.
En esta vieja casa hay una adarga
antigua y una hoja de Toledo
y una lanza y los libros verdaderos
que a mi brazo prometen la victoria.
¿A mi brazo? Mi cara (que no he visto)
no proyecta una cara en el espejo.
Ni siquiera soy polvo. Soy un sueño
que entreteje en el sueño y la vigilia
mi hermano y padre, el capitán Cervantes,
que militó en los mares de Lepanto
y supo unos latines y algo de árabe...
Para que yo pueda soñar al otro
cuya verde memoria será parte
de los días del hombre, te suplico:
mi Dios, mi soñador, sigue soñándome.

Jorge Luis Borges




Y YO, QUIÉN SOY

Leyendo a Borges.

Y yo, ¿quién soy? me pregunto,
mientras recorro las líneas de tu figura,
erguida detrás de mis párpados
en perpendicular advertencia.

Entre nosotros, cuatro siglos
de nostalgia y, sin embargo,
también Castilla cobija mi soledad
y la plática del tiempo avisa
de un entrecortado final.

En mis libros reposan todas las historias:
multitudes indomables, habitantes del espejo
en el intrincado espacio de lo humano.
Héroes y caballeros,
cuya pluma alimenta el engranaje
y separa mis huesos del polvo.

También yo, Quijano,
busco en mis sueños
una realidad que me nombre.


Carmen Salamanca.




RAZON DE AMOR (Fragmento)

Si la voz se sintiera con los ojos
¡ay, cómo te vería!
Tu voz tiene una luz que me ilumina,
luz del oír.
Al hablar
se encienden los espacios del sonido,
se le quiebra al silencio
la gran oscuridad que es. Tu palabra
tiene visos de albor, de aurora joven,
cada día, al venir a mí de nuevo.
Cuando afirmas,
un gozo cenital, un mediodía,
impera, ya sin arte de los ojos.
Noche no hay si me hablas por la noche.
Ni soledad, aquí solo en mi cuarto
si tu voz llega, tan sin cuerpo, leve.
Porque tu voz crea su cuerpo. Nacen
en el vacío espacio, innumerables,
las formas delicadas y posibles
del cuerpo de tu voz. Casi se engañan
los labios y los brazos que te buscan.
Y almas de labios, almas de los
brazos,
buscan alrededor las, por tu voz
hechas nacer, divinas criaturas,
invento de tu hablar.
Y a la luz del oír, en ese ámbito
que los ojos no ven, todo radiante,
se besan por nosotros
los dos enamorados que no tienen
más día ni más noche
que tu voz estrellada, o que tu sol.

Pedro Salinas



SI LA VOZ SE SINTIERA CON LOS OJOS

Leyendo a Pedro Salinas

Tocas en mis costados
el laberinto y todas sus sendas
ceñidas al color de tu voz
y al tacto ondulado de tu vista.

Si la voz se sintiera con los ojos,
cáliz desquitado en las carcajadas anegadas
del llanto vacío de hoy, del día que se acaba.

Atiéndeme, se va mi fuerza haciendo nube,
te miro y no llego, amor en las palabras.
Te digo: espérame…
cuando ya, otro rostro, nos sonríe.


Mónica López Bordón




LA VISITA NOCTURNA

Cantidades innumerables de cuerpos que tropiezan
las chisteras desparramadas
y en medio del Gran Todo
la posteridad de pie
ah no ocultes ya el abigarrado secreto
despierta apresurado a los historiadores incautos
a través de la ventana que huye
está el estudiante decapitado
reposo apenas perceptible rodeado de un gesto erróneo
la multitud se inclina
y los tiranos resplandecen
iluminados por leyendas incandescentes
la tarde comienza a reflexionar
una atmósfera esférica rueda sobre el cuerpo flexible
de un dios adolescente
¡qué difícil es marchar sin caer!
triángulos derramados en la mano del niño impasible
el recién llegado ahoga un grito
alguien revela en voz baja
que la carne es la vestidura del sueño secreto
el viajero apresurado
ha perdido el corazón
que flota
¿a quién extiendes la mano?
aterrorizado
retrocede
lentamente la mano del sueño me entrega su noche secreta
sonrisa cansada
de puntillas
se acerca
sonrisa cansada, sueño vestido de carne.

Aldo Pellegrini




VISITA NOCTURNA

Leyendo a Aldo Pellegrini.


Cae la noche rota,
el sueño vestido de carne
agasaja a los invitados:
coleccionistas de lo imposible,
suicidas por temor a la muerte,
ingenuos melancólicos,
traficantes del alma,
embaucadores arrepentidos,
hacen su aparición
entre cristales rotos, transparentes,
derramados en la mano de la máscara impasible,
aquella que detiene las horas.

A través de los muros,
se desliza lentamente,
la encrucijada de todos los caminos,
las vértebras bailan alegremente
huyendo de las heridas más delicadas.

Un visitante inesperado,
ahoga el grito de la muchedumbre,
extiende su mano hacia la máscara,
y le revela en voz baja:
¡difícil caminar sin caer!

Vicente Prada Gómez




LICANTROPÍA CONTEMPORÁNEA(Fragmento)

El grado más alto de la tristeza tanto puede ser
un general ciego mendigando a través de las islas
Como hacia las 3 de la mañana la avenida
de la Ópera
No hay límites para la melancolía humana
Se cuenta siempre con una piedra para colocar sobre la pirámide
de las lágrimas
Estáis seguros de padecer tanto como una mujer estrangulada
en el momento en que ella sabe que todo ha terminado y desea acabar
Estáis seguros de que no valdría más ser
ser estrangulado si uno piensa en los cuchillos de las horas que se acercan
Desde hace tiempo vivo mi último minuto
La arena que mastico es la de una agonía invisible y perpetua
Las llamas que hago recortar de tiempo en tiempo por el peluquero
son las únicas en delatar el negro infierno interior que me habita
Como cuerpos privados de sepultura
los hombres se pasean por el jardín de mi mirada.

LOUIS ARAGON




LICANTROPÍA CONTEMPORÁNEA

Leyendo a Louis Aragon

Aquí me detengo, me dije, voy a escribir
sobre esta licantropía que me ciñe y me cobija
tras las manos de un etéreo barco que no zarpa,
bajo las cornisas del odio que no aflora,
entre las bocas que no cesan de cerrarse.

Odio a muerte lo que no muere a través de los siglos
como si fuera necesario para hombre y mujer.
Yo no quiero vagar sobre la indecisa cuestión
del ser o no ser, porque sólo hay letra y viva,
porque nada se consume sin ella y sus regueros.

Odio no nacer todavía a la suerte del condenado
a la palabra, vértice angular, fuente inagotable.
“El grado más alto de la tristeza tanto puede ser”
una mano que se levanta buscando otra mano
como la quietud que imponen los abrazos.

“No hay límites para la melancolía humana”
Soy la noche cegando el camino del nuevo día,
la lujuria cansada antes del último minuto,
la muerte que no espera nada de las transformaciones ,
la vida queriendo ser vivida, la que no quiere vivir en las palabras .

Nadie sabe que el pasado ha pasado
ha dejado sus huellas y no ha despertado jamás.
Nadie pregunta por el futuro que hay que hacer
y deshacer una y otra vez hasta que se levante y ande.

Licantropía contemporánea saliendo de un poema
y entrando en la vida de los hombres futuros.

Amelia Díez Cuesta


El POETA CANTA POR TODOS

I

Allí están todos, y tú los estás mirando pasar.
¡Ah, sí, allí, cómo quisieras mezclarte y reconocerte!
El furioso torbellino dentro del corazón te enloquece.
Masa frenética de dolor, salpicada
contra aquellas mudas paredes interiores de carne.
Y entonces en un último esfuerzo te decides. Sí, pasan.
Todos están pasando. Hay niños, mujeres. Hombres
serios. Luto cierto, miradas.
Y una masa sola, un único ser, reconcentradamente
desfila.
Y tú, con el corazón apretado, convulso de tu solitario
dolor, en un último esfuerzo te sumes.
Sí, al fin, ¡cómo te encuentras y hallas!
Allí serenamente en la ola te entregas. Quedamente
derivas.
Y vas acunadamente empujado, como mecido, ablandado.
Y oyes un rumor denso, como un cántico ensordecido.
Son miles de corazones que hacen un único corazón que te lleva.

II

Un único corazón que te lleva.
Abdica de tu propio dolor. Distiende tu propio e
contraído.
Un único corazón te recorre, un único latido sube a tus
ojos,
poderosamente invade tu cuerpo, levanta tu pecho, te hace
girar las manos cuando ahora avanzas.
Y si, te yergues, si un instante levantas la voz,
yo sé bien lo que cantas.
Eso que desde todos los oscuros cuerpos casi infinitos se
ha unido y relampagueado,
que a través de cuerpos y almas se liberta de pronto en
tu grito,
es la voz de los que te llevan, la voz verdadera y alzada
donde tú puedes escucharte, donde tú, con asombro, te
reconoces.
La voz que por tu garganta, desde todos los corazones
esparcidos,
se alza limpiamente en el aire.

III

Y para todos los oídos. Sí. Mírales cómo te oyen.
Se están escuchando a sí mismos. Están escuchando una
única voz que los canta.
Masa misma del canto, se mueven como una onda.
Y tú sumido, casi disuelto, como un nudo de su ser te
conoces.

Suena la voz que los lleva. Se acuesta corno un camino.
Todas las plantas están pisándola.
Están pisándola hermosamente, están grabándola con su
carne.
Y ella se despliega y ofrece, y toda la masa gravemente
desfila.
Como una montaña sube. Es la senda de los que marchan.
Y asciende hasta el pico claro. Y el sol se abre sobre las
frentes.
Y en la cumbre, con su grandeza, están todos ya cantando.
Y es tu voz la que les expresa. Tu voz colectiva y alzada.
Y un cielo de poderío, completamente existente,
hace ahora con majestad el eco entero del hombre.

Vicente Aleixandre




EL POETA CANTA POR TODOS.

Leyendo a Vicente Aleixandre

Así, de verde y profundos ojos, la tarde
cayó como larga fatiga.
Vagué quizás por alturas y cuando regresaba,
plegaba mis alas cansadas y besaba mejillas inocentes.
Adustas ventanas miraban mi vuelo cernirse sobre
incauto que mira abismos en cercanía de ave.
Los grises de la noche ocultaron su color
y pasos de mi separaron el botín doblegando mis manos
a aplaudir, ante la función de vivir.
Y me quedé pensando, fraguando mi interior
de corales y dulce era el rumor que rondaba
aquel paso detenido.
Me arrojé de la cima cayendo sobre el asfalto
y miles de hojas quedaron de mi esparcidas, como luz que estalla,
y se hace una tarde sola de amor, infinita.

Miguel Martínez




PEQUEÑA BIOGRAFÍA DE UN HOMBRE CONTEMPORÁNEO

Entre dos guerras deflagró mi vida.
Entre dos apogeos del estrago.
Dos guerras grandes cual el mundo mismo.
Antes de la primera yo fui blanco.
Después de la segunda ya tenía
el color de la pólvora tatuado.
Antes de la primera iba desnudo,
animal inocente por los llanos
frumentales. Después de la segunda,
cota de malla y corazón blindado.
Olía el musgo a semen de leones.
Los arroyos a orines de caballo.
Antes de la primera no tenía
temor del fuego, del rescoldo humano.
Durante la segunda, intensamente
los tuétanos salidos me quemaron.
Pude sobrevivir arrebatándole
a un muerto su rincón. Y así, empujándolo
como a un costal de carcomidos huesos,
lo eché del foso y me escondí en su cárcamo.
Después clamaban a millar de voces
que yo era un resurrecto. Y me apedrearon.
Antes de la primera, humildemente
como se brinda un pan daba la mano.
Después de la segunda la escondía.
Antes de la primera, noble el paso.
El de un hombre sencillo que confiara.
Después de la segunda, brinco largo
de tigre hambriento. Vida bifurcada.
Ni siquiera me duele recordarlo.
Carezco de dolor. No tuve triunfos
ni dignidad y soy uno de tantos
delincuentes que nombran las noticias
cotidianas. Un nadie. Un ser castrado.

German Pardo García




PEQUEÑA BIOGRAFÍA DE UN HOMBRE CONTEMPORÁNEO.

Leyendo a German Pardo García

La mitad del mundo se consume
como la cera de la vela que alumbra
a la otra mitad.
Cegado por aúreos destellos,
enceguecido por luces de Neón
enfermo de los más terribles
males de occidente;
el hombre avanza y retrocede.
Prostituido, envilecido,
corrupto, enamorado de su mismo,
pero también brillante,
Diógenes que ilumina
su caída,
Penélope que teje su destino,
genio del cosmos,
artista del sentido,
amante de las horas por venir,
registra con su cincel
en la ladera de la montaña
sus próximos devaneos
con la Historia.

Alejandra Menassa de Lucia





HECHOS MEMORABLES

Poema escogido por Lucia Serrano

Acuérdate de tu padre y de tu madre, y de tu primera mentira
cuyo indiscreto olor se arrastra por tu memoria.
Acuérdate de tu primer insulto a los que te engendraron:
la semilla del orgullo quedó sembrada, resplandeció la fisura
quebrando la unidad de la noche.

Acuérdate de los anocheceres de terror en los que el pensamiento
de la nada te arañaba el vientre, y volvía sin cesar
para picotearte como un buitre; acuérdate también de las mañanas de sol en el cuarto.
Acuérdate de la noche de liberación en la que, al caer tu
cuerpo suelto como un velamen, respiraste un poco del aire incorruptible; acuérdate también de los animales pegajosos que
te han vuelto a aprisionar.
Acuérdate de las magias, de los venenos y de los sueños te-
naces -querías ver, te tapabas ambos ojos para ver, pero no
sabías abrir el otro.
Acuérdate de tus cómplices y de los fraudes en común y de
ese gran deseo de salir de la jaula.

Acuérdate del día en que desgarraste la tela y te apresaron
vivo, inmovilizado ahí mismo en la batahola de bataholas de
las ruedas que giran sin girar, contigo adentro, cogido siempre
por el mismo instante inmóvil, repetido, repetido, y el tiempo
no daba sino una vuelta, todo giraba en tres sentidos innumerables,
el tiempo se cerraba al revés ( y los ojos de carne sólo
veían un sueño, sólo existía el silencio devorador, las palabras
eran pieles secas, y el ruido, el sí, el ruido, el no, el alarido
visible y negro de la máquina te negaba), el grito silencioso
"Yo soy" que el hueso oye, por el cual muere la piedra, por
el cual cree morir lo que nunca fue. Y tú no renacías a cada
instante sino para ser negado por el gran círculo sin límites,
todo pureza, todo centro, todo pureza salvo tú mismo.

Y acuérdate de los días que siguieron, cuando marchabas
como un cadáver hechizado, con la certidumbre de ser devorado
por el infinito, de ser aniquilado por la existencia única de
lo Absurdo.

Y acuérdate sobre todo del día en que querías arrojarlo todo,
de cualquier modo. Pero un guardián vigilaba en tu noche,
vigilaba mientras dormías, te hizo tocar tu propia carne, te
hizo recordar a los tuyos, te hizo recoger tus andrajos.
Acuérdate de tu guardián.
Acuérdate del hermoso espejismo de los conceptos, y de las
palabras conmovedoras, palacio de espejos construido en un
sótano. Y acuérdate del hombre que vino y lo rompió todo,
te tomó con su tosca mano, te arrancó de tus sueños y te obligó
a sentarte sobre las espinas del pleno día. Y acuérdate de que
no sabes recordar.
Acuérdate de que todo se paga, acuérdate de tu felicidad,
pero cuando te trituraron el corazón, era ya demasiado tarde
para pagar por adelantado.

Acuérdate del amigo que te tendía su razón para recoger tus
lágrimas brotadas de la fuente helada que violaba el sol
de primavera.

Acuérdate de que el amor triunfó cuando ella y tú supisteis
someteros a su fuego ansioso, rogando morir en la misma llama.

Pero acuérdate de que el amor no es de nadie, de que en tu
corazón de carne no hay nadie, de que el sol no pertenece a nadie,
ruborízate al contemplar el cenagal de tu corazón.

Acuérdate de las mañanas en que la gracia era como una
vara amenazadora que te conducía, sumiso, a través de tus jornadas, ¡bienaventurado el ganado bajo el yugo!

Y acuérdate de que entre sus dedos entumecidos tu pobre
memoria dejó escapar el pez de oro.
Acuérdate de los que te dicen: acuérdate. Acuérdate de la
voz que te decía: no caigas. Y acuérdate del placer equívoco
de la caída.

Acuérdate, pobre memoria mía, de las dos caras de la medalla.
Y de su metal único.

René Daumal

sábado, 23 de enero de 2010

TALLER DE POESIA DE LOS SABADOS 23-01-10


GRUPO DE POESÍA DE LOS SÁBADOS A LAS 18:00 h
-revista virtual-
COORDINADOR : MIGUEL OSCAR MENASSA NÚMERO - 41 - 23/01/10
Semana a semana iremos mostrando en este blog el producto del trabajo realizado en el Taller virtual de poesía los sábados a las 18:00 h de la Escuela de Poesía Grupo Cero, coordinado por el poeta Miguel Oscar Menassa





Cuadro: Besos.Magdalena Salamanca

LA TERCERA PREGUNTA

Son las 5 de la mañana y el latido de la noche me ha desvelado,

un reguero de preguntas acometen con terquedad e interrumpen sin sueño,

la paz del descanso, huye con fuerza, de los contornos acústicos de su armonía.

Hay espacios de la habitación que me miran, esperando una respuesta,

yo permanezco quieta, en silencio, intento distraer sus ansias con mi indiferencia,

pero sus ojos son como llamadas punzantes al corazón.

Inquieta, me deshago entre las sábanas, hasta caer en las garras del poema,

esta vez, viraré los prejuicios y sentiré el resplandor de sus pasos en mis manos,

tocaré las tecla con firmeza y si fuera necesario, coseré mis dedos sus letras.

Han pasado casi treinta minutos desde el comienzo y nadie se ha dado cuenta,

la oscuridad que respiran las paredes de una casa en la soledad

me recuerda que aún, no he encontrado la voz para el futuro.

La tercera pregunta se esconde, como la muda palabra, que furtiva de mí, me condena.

No tengo respuestas, pero quizá las tuviera, quizá fueran las miradas

que me hicieron levantar hoy, a las 5 de la mañana, para escribir, este poema.

Quizá las respuestas sean la incertidumbre, la zozobra que desgaja la vida,

ese misterio que se coagula en el amor de aquellos que se fueron para siempre.

No quiero saber si la razón o la muerte, son las culpables, sólo quiero vivir.

Vivir a tu lado, al lado que se alegra y comparte, al lado que se tiñe de odio y comparte,

vivir en tus palabras, en la terquedad de una ilusión, en la planicie de los días al pasar;

dejar de llorar este silencio, que me aleja de aquella que me mira, desde el final.

Magdalena Salamanca


Cuadro: Sobre fondo blanco. Carlos Fernandez

EL TERCERO NOMBRA

Una antorcha de aire detiene su libertad de vuelo.

Llega la imagen impresa en el suelo de la voz.

La moneda cruza la mano en que respira la herida.

Comienza el juego.

Y cuando llega el frío, es abrigo la letra de lana en el pecho,

el duelo, un guante de cuero envuelto en versos,

la locura, un cascabel de lágrimas regando el invernadero.

Continúa el juego.

El error del acto se hace eco en el martillo yunque del estribo,

cayendo el delicado velo de las primeras impresiones

en el vacío margen del doble espacio entre los cuerpos.

Las reglas son el juego.

La terna pregunta es un título que nombra desde la altura lo hecho.

Su lugar de partida, un olvido nuevo, catarata de serpientes

que no ceja en vítores el risueño rostro del aplauso.

Todo infinitivo es juego.

¿Importar?…todo se importa: el hueso de la nariz y

la rosa del tiempo, el astro número que te nombra

y el pétalo interlocutor con quién se está leyendo.

Carlos Fernández


Cuadro: Doblaje cinematografico. Miguel Menassa


¿LA TERCERA PREGUNTA?

En esta tarde aciaga donde

no zarpo hacia las muchachas.

Las sirenas de hielo deshuesan las horas

¡Que talle de virgen padecen!

Como si las hubiera pintado,

desde otra historia que se repite,

la misma mano.

Esta sombra tres veces proyectada.

Manuel Menassa de Lucia.



Cuadro:El sueño dorado. Miguel Menassa


LA TERCERA PREGUNTA


Sigilosa, cómplice de un Morfeo

siniestro e implacable

se presenta la tercera pregunta,

un murmullo que dice:

soy la tercera, ¡exijo una respuesta!

Como una liana peligrosa,

salvaje,

constriñendo palabras que, en tumulto,

se lanzan al abismo de una respuesta.

Vacilante, detengo las palabras,

que ahora, suavemente, danzan.

Pilar Rojas


Cuadro: Hojas de otoño. Miguel Menassa

LA TERCERA PREGUNTA

Te espero tomando un café.

El local está abarrotado.

Ellos no te buscan, ni siquiera

nunca te soñaron.

La taza humea y mi cabeza,

parece que también.

Hoy nada claro hay en mí.

El mundo se debate

entre un presidente descafeinado

y otro con mirada sádica.

Entre un motor diésel o gasolina,

casa independiente o adosada.

A mí qué se me importa.

Yo sólo quiero escribir un poema decente.

Desbaratar la tarde y empezarla de nuevo.

Olvidar todas mis preguntas

para que alguna nueva nazca.

Desvirgar todas las palabras

que nunca pronuncié

y dárselas a la página.

Helena Trujillo Luque


Cuadro: El poeta llega a Madrid. Miguel Menassa

¿QUE ES UNA MUJER?

Tu cuerpo es un río extendido que no deja de pasar,

y de sus orillas gozo, mirando al fondo de tus ojos,

vida y canto que me llama.

Siento la creación de un reflejo junto a tus pies

y adoro ese gesto tímido cuando naufragan

tus pétalos de labios sobre mi frente ávida

de ti.

Entonces, siento el mundo más cercano.

Tu disimulo es goce de pecho enfebrecido

que solo pide el brillo de la luz.

Y todo es sorpresa.

Navegas con ardor

sobre mi ansia erguida

y ligo mi latido a un concierto de aves

que revolotean bajo tus caderas,

y noto como asciende el amor

en nuestra morada, estallando

en una dicha sosegada,

que arrebata tus suspiros,

en un placer que nunca acaba.

Miguel Martínez Fondón


Cuadro: El poeta llega a Madrid. Miguel Menassa

El pajarito

A Paco Urondo

Todos duermen.

Plácidamente todos los otros duermen.

Dejan caer sus cabezas

Decapitadas por la noche.

Y duermen.

Pero hay agujas clavadas en mi sueño

En todos mis sueños.

Y aleteo con alas ajenas.

Y es penoso decir te amo

Con una voz extranjera.

Y me pregunto:

Cómo vivir sin este sol

Sin este mundo

Sin este brazo derecho

Sosteniendo tu bandera?

Cómo ser habitual o simple

Cuando muere un pajarito

Y eras vos?

Todos duermen,

Plácidamente todos duermen.

Dejan caer sus cabezas

Decapitadas por la noche.

Y duermen.

Y cómo pueden?

Cuando se muere un pajarito

Y era yo?

Marcela Villavella



Cuadro: La cueva de Ali Baba. Olga de Lucia

MUJER ¿POR QUE CALLAS?

¿Por qué callas?

Te busco, te reclamo, te convoco

y sólo encuentro soledades

partiendo entre las dunas,

perdiéndose en el dorado reflejo de la arena.

¿Por qué lloras?

¿Por qué cristalinas perlas ,

resbalan por tu rostro,

si no conformaran un oasis para tu alma,

ni estremecerán corazones de hojalata.

¿Por qué te niegas?

Brutal, inhumana, omnipresente.

Majestad de las tinieblas,

te consumes bajo el signo de tragedia.

Olga de Lucia


Cuadro: miradas en la cumbre. Miguel Menassa

LA TERCERA PREGUNTA

En tu melodiosa desnudez

escribo el estallido que no te abandona:

¿cómo escapar?

Luz y pregunta

en tu cabeza acostumbrada

a la rebeldía del cabello

ondeando los misterios del mundo.

Tiene el alma su división

iluminada en heliotropos abiertos

que partirán mañana

como si fuera la última lluvia,

la última gota abrazando

la respiración de la noche.

Vuelan las gaviotas

y nadie responde

en el fondo de mi garganta.

Mónica López Bordón

Cuadro: El cañon del Colorado. Alejandra Menassa


¿Y SI YA NO ME PREGUNTARA NADA MÁS?

No preguntes por el camino,

pon el pié, y anda.

No le preguntes si te ama,

ámalo.

No preguntes cuántos son los pétalos de la rosa,

déjate embriagar por su perfume.

No preguntes si es hoy o si es mañana,

siempre es hoy.

Y si algún día dejas de preguntarte

¿en qué planeta vivo?

¿de qué materia el verso?

¿qué palabra me hiere y

cuál otra me consuela?

¿cuánto mide el amor?

¿cuánto pesa el deseo?

¿qué color los amantes?

¿qué destreza preciso

para desembarcar con el navío indeciso

de mis labios en la tierra prometida de los tuyos?

Y si algún día dejo de preguntarme,

quizás sean ceniza mi lengua y mi garganta,

quizás haya dejado viuda ya a mis palabras,

un aire mortecino recorrerá el recinto,

y entre tú y yo la parca, habrá hallado su sitio.


Alejandra Menassa


Cuadro:Horizonte de otoño.Miguel Menassa



EL MÁS PROFUNDO DE LOS DESCUBRIMIENTOS

Un interminable escalofrío recorre un mundo lejano,

lentas sacudidas de frentes de cristal,

deteniendo relojes de horas simétricas.

Cuerpos caídos, sorprendidos por el despiadado sueño

del que emergen cada mañana.

Sembradores de la angustia,

gritando que es posible zarpar,

hacia el país del descanso.

Y la alegría de vivir atada a columnas derribadas.

Un sudor frío empapa los semblantes desesperados,

la sombra de los viajeros,

la quietud de las puertas,

que muestran el camino recorrido.

Y esas almas se emocionan,

ante la sencillez del poeta,

que escribe del dolor para ahuyentar a la tristeza,

que sus gritos de muerte convocan al amor.

Versos donde Dios se rinde,

y el corazón se parte en mil pedazos,

al paso de un viento tenue,

donde borrar el rostro que se contempla a sí mismo,

se hace necesario.

Versos desde los que partir,

a la búsqueda de caminos paralelos,

al encuentro de nuevas formas,

de amar la vida.

Vicente Prada Gómez



Cuadro: Observando la experiencia. Miguel Menassa


LA TERCERA PREGUNTA

No habían sido tantos los pecados cometidos,

y sin embargo, temía que la tercera pregunta nos delate.

Me imaginé llegar muy livianita en la primera nube de la mañana,

sin demasiado cuerpo, sabiendo que era fácil vernos pasar,

y recordando el silencio de las estrellas íbamos al encuentro

de aquél sabiondo tribunal.

Al entrar en el salón, una esfera luminosa giraba enloquecida

frente a mis ojos extraviados,

y ya no sabía de donde venía el miedo.

Revisaba la textura de mis cabellos y los sentía ordenados,

después quería escuchar mi nombre,

esa voz que me llamaría para realizarme la tercera pregunta.

Haber aprobado las dos anteriores no nos salvaba de nada.

Era imprescindible responder con celeridad esta última oportunidad,

para ser absuelto, para no tener condena,

para escribir en el aire, las grandes obras, como los parias.

Rama desnuda.

Cruz transparente.

Nocturna mariposa apoyada esperando en la rama del antiguo árbol.

Toda luz.

Tierno cáliz.

Lucía Serrano



Cuadro: Infinitesimal. Amelia Diez

LA TERCERA PREGUNTA

La tercera también es la primera.

Rueda sinfín de una eterna circularidad

sin retorno, asimétricamente perfecta,

impúdica y voraz, como sus sedientos

soportes humanos, terrestres renovables,

incipientes músicas queriendo alcanzar

sus propios labios, sus próximos latidos.

La tercera vez que he nacido

sobre la faz de la palabra y sus redes,

silencio clamando su puesto y su despertar

callado por los que nunca habitarán

sino entre calles vacías o barcos sin deriva.

Era una lluvia que no conocía el desierto

ni la confusión propia de la indecisión,

¿era acaso una pregunta acercándose

sin pudor a mi puerta,

que espero me sea dada en mi propio vacío?.

Una vez más me pregunto por mí

y la respuesta no se hace esperar,

no sería sin lo múltiple y lo simple

arrebatado a las cornisas afiladas

de aquella noche de invierno.

Mí no sería sin las calladas letras

que me cortaron sin parsimonia

entre página y página, entre mirada y voz.


Amelia Diez Cuesta

domingo, 17 de enero de 2010

TALLER DE POESÍA DE LOS SÁBADOS 16-01-10



GRUPO DE POESÍA DE LOS SÁBADOS A LAS 18:00 h
-revista virtual-
COORDINADOR : MIGUEL OSCAR MENASSA NÚMERO - 40 - 16/01/10
Semana a semana iremos mostrando en este blog el producto del trabajo realizado en el Taller virtual de poesía los sábados a las 18:00 h de la Escuela de Poesía Grupo Cero, coordinado por el poeta Miguel Oscar Menassa




Cuadro: A la vuelta de mi razón. Manuel Menassa

¿ESTABAS TÚ?

Nos encontramos como luces perdidas
en el bosque amargo del desasosiego.
Nunca tuvo tu boca tantos dientes
Ni mi piel tantas pieles.

Fue el viento dos brazos atando tu cintura
y la flor prohibida del jardín, tu misma.
No esperamos tendidos en la parda tierra,
custodiados por la luna, a que nadie viniera.

Sin embargo
estaba la luna
y estabas tú.


Manuel Menassa de Lucia.




Cuadro: La Máscara de Nofret. Miguel Menassa.

¿POR QUÉ?

Por qué bailan así tus ojos.
Por qué los poemas se detienen al nombrarte.
Por qué mis sangre se hiela cuando te vas.
Por qué los días se alargan cuando hablas
y el mundo parece pequeño cuando sueñas.
Por qué, me pregunto, la ciudad late
al son de tus palabras
y las señoritas se ponen sus mejores galas
para verte pasar.
Por qué el negro no es nunca más negro
y el azul a veces es verde, violeta o amarillo.
Por qué la vida vibra cual tambores indígenas
y la ciudad es selva, pradera americana
o rivera o mar.
Por qué, mil veces, no te inventaron antes
y la historia se casa contigo
para no ser nunca más llanto,
venganza, desolación.

Helena Trujillo Luque



Cuadro: El tifón sobre Estocolmo. Alejandra Menassa

¿GANAREMOS EL NOBEL?

Un hombre se puso en pie, certero paso,
aseguró la montura de su yegua alazana
y cabalgó sin descanso su camino.

Después vinieron otros a descifrar
la letra que impregnaba las hojas:
destilación de saberes e historia,
y dijeron:
le sirve al mundo esta escritura,
le sirve al hombre.

Nosotros, compañeros de viaje,
ya habíamos descubierto el tesoro.
Y mientras pensábamos si
dárselo a los otros,
y mientras nos guardábamos las monedas
y nos comíamos las viandas del conocimiento,
vino la Historia a decirnos:
Deben entregar este patrimonio al mundo.

Y un poco nos resistimos a la empresa,
pero después leímos otra vez
y el maestro decía:
Es para el mundo esto que escribo,
Y si, era una flor en medio del desierto,
un oasis donde ya nadie tiene agua,
una fábrica de hombres, mujeres de la letra.

Y decidimos aceptar el desafío,
abrir las compuertas, decir a todo el mundo
que el trabajo abre las puertas del tesoro,
esta obra, este poeta que amamos.

Alejandra Menassa de Lucia






Cuadro: Y cada uno. Miguel Menassa.


¿TIENE FIN EL MUNDO?

Me pregunto
si este mundo perfumado de eucaliptus
podrá extinguirse.
Si podrá ser que nos quedemos
sin ver la lluvia a través de los cristales.
Si podrá prescindirse de sentir
la cálida caricia del sol
sobre la piel.
Podremos no volver a caminar
nunca jamás sobre la arena tibia?
Podrá súbitamente frenarse
la brisa fresca contra el rostro?
Será verdad la idea
de que este mundo ya no existirá
cuando transito por un camino tan sólido,
cuando la pena se empieza a diluir y
hay tanto sol explotando en mi pecho?
cuando tantas manos salen de mi
y a tantas otras recibo?

No,
no creo que este mundo
pueda ya no estar.

Gaby Melluso



Cuadro: El profesor de pintura. Miguel Menassa


¿A QUÉ VIVIMOS?

Vivimos a morir
Miguel Menassa


Danos tu mirada, vida, te digo palpitando
con las manos desesperadas y tanta sed de vivir.
Tengo entre las venas caricias, pólvora y huellas,
los zapatos desgastados de caminar el crepúsculo
como si fuera la patria de todos los sueños
para empezar a vivir.

Resplandece la esperanza.
Hay tiempo de todo en este juego de morir.
¿Dime, cuánta vida te debo, y cuánta muerte?
¿Qué preguntas hallan respuestas?

Tiene la Parca su armonía
entre los vivos y los muertos.
Son mis labios todos los besos
que le ganan la partida, lentamente,
en cada sesgo distraído de la tarde,
en el amor de la palabra que brinda en mi piel,
sin esperar nada, ni siquiera, a la muerte.

Mónica López Bordón




Cuadro: Estallido vegetal. Miguel Menassa

BRUMA NOCTURNA

Te acercabas despacio
al mundo de los vivos,
y temías que algún
ser deformado,
te tragase
Caías a la tierra,
perdido,
y la bruma nocturna,
cubría el escenario,
con una mortaja azul,
confeccionada para ti,
por ti mismo.

Lucía Serrano





Cuadro: Juntos al amanecer. Miguel Menassa


¿A QUIÉN PERTENECE ESTE FRÁGIL CAMINO?

Amanece y unos rostros insaciables avanzan.
Errante pócima impregnando cuerpos rendidos,
distancia de miradas violentadas
por unos párpados plegados.

Algunos renuncian al reposo,
otros caminan con aire vencedor,
buscando la luz que no ilumina y las palabras imposibles.
Pregonan esperanzas entre el pasado, presente y futuro.

Una herida en mitad de la frente cristalina sangra,
azota las paredes,
deambula entre templos en ruinas,
atraviesa la belleza de las formas,
camina con lentitud en la oscuridad.

Hebras del viento, clamor azul
que se lanza sobre el centro de una multitud tambaleada.

Hay escalofríos que se deslizan por el espacio,
con la imperfección del abismo suspendido,
de noches desnudas,
del cristal sin imágenes,
de los rostros vacíos,
de los pasos que se alejan,
de los portadores de dudas.

En este laberinto de pausados símbolos,
mezclan su apasionada sangre,
lo vivido y lo soñado.



Vicente Prada Gómez.



Cuadro: Espadas de la noche. Carmen Salamanca

PORQUÉ QUIERO ESCRIBIRLO TODO


De tus ojos,
el sabor estricto en dicotomía,
molécula especular al viento
y el arrobado fulgor de la mirada.

De la noche,
profundo sumidero de huérfanos en desgana,
músculos arrepentidos y, al amanecer,
conspicuo laberinto de salidas.

De la vida,
esas ganas de arrancarlo todo,
rescatar el velo y taponar la herida:
mi propia fecha de caducidad
derrotada en cada página.


Carmen Salamanca




Cuadro: Sin respuestas. Miguel Menassa.

¿QUÉ ES UNA MUJER?

A veces, todo es difícil: el silencio,
la alegría, el coraje...
Hablamos de morirnos, pero no lo creemos.
cuando te abrazo, te surca una cascada infinita de marfil
que rasga tu espalda, iluminando cada minuto
y así hasta lo eterno.

Entonces, tu divina indiferencia me hace mirar
la puerta, donde veo naufragar el lado opuesto
del adiós, y recojo mis trozos de mi,
como rayo súbito que se detiene antes de arrojar
su mortal belleza, sobre tu cuerpo celeste.

Amada, me has apartado del cruel camino
con el don supremo de tu suave piel infinita,
con únicas caricias que entre jadeos callas.

Alzo mis ojos de moribundo y entre azotes
de cólera, la vida y muerte se separan.

Recojo mis ojos desvanecidos de sombra
y juntos, nos echamos a andar


Miguel Martínez.






Cuadro: La Dama verde. Miguel Menassa.

¿QUIÉN ES LA LOCURA?

Una vez mudada la piel y
encerrados en la guardilla
los restos de toda una vida,
aparece desvanecida ante mí,
deshecha en mil preguntas,
como si del futuro, tuviera yo, algún saber.

Le digo que se calme
que los vientos del norte
traerán las respuestas.

Ella insinuante y, a la vez,
comprometida en sus palabras,
se tiró al suelo, formando hélices,
que brotaban a gran velocidad de sus cabellos,
mientras se retorcía sobre sí misma, gritando;
¡Quiero una respuesta! ¡Dame una respuesta!

Cómo explicarle
que hay preguntas que no tienen respuesta,
o que si hubiera respuestas para todas las preguntas
a veces, es mejor no preguntar.

Ella no podía detenerse,
el torbellino que ya ocupaba casi toda la habitación
cada vez aspiraba con más fuerza las pausas de la noche,
tuve que acercarme mucho para escuchar su voz,
la violencia de su delirio me introducía furtivamente
en esa espiral de sueños que brotaba de sus ojos.

¿Cómo detener aquel instante de locura?
¿Cómo cautivar, su dimensión astral, con una palabra?
En ese momento, me rendí ante la evidencia,
aparté la mirada de ella, sabiendo que nada podía hacer,
y, bruscamente, aquel remolino de viento cesó con severidad.
Ella se levantó del suelo, como si nada hubiera pasado,
se acercó hasta mi cuello y besándolo con fervor me dijo:
Gracias, esta vez hemos vencido.

Yo no dije nada, la besé repetidamente los labios,
hasta que su cuerpo y el mío, desaparecieron.


Magdalena Salamanca






Cuadro: Matérica soledad. Amelia Díez.

UN DÍA ME PREGUNTÉ

Un día me pregunté
y después no dejé de preguntarme.
Me pregunté si quería vivir
o no quería vivir. Entré en los libros,
los libros entraron en mí, entré en el amor,
el amor entró en mí, entré en la universidad,
y nada me conducía a ninguna decisión.
Un día me topé con una manera de pensar,
envuelta en forma de libro y bajo el nombre de Freud,
y una pequeña alegría atravesó mi pequeño cuerpo
imaginado, mi pequeña oportunidad perdida.
Después todavía la pregunta caminaba en plena libertad.
Ninguna palabra saciaba su sed, ninguna frase calmaba
su fricción y su insistencia impertérrita, su constancia.
Hasta que un día que no volvería, que nunca conocería,
un libro me dijo: “el goce será el encuentro
con lo que no soy ni me pertenece; el goce será,
el goce de las diferencias”
Desde entonces una decisión me ha tomado,
quiero vivir, quiero vivir...hasta morir
y todavía más, quiero vivir más allá de mi muerte,
quiero vivir, en voz de otros.

Amelia Díez Cuesta





Cuadro: Húmeda sed. Miguel Menassa.

UNA PREGUNTA

En el límite exacto
donde la voz se dispersa en ecos,
allí, donde la fulgurante palabra dibuja límites,
horizontes remotos,
y la respuesta exhibe su labranza
convirtiendo en vergel el yermo sigilo,
aún sostiene, el nimbo, lágrimas estériles,
fragmentos inservibles.

Pilar Rojas



Cuadro: Sombras y siluetas. Carlos Fernández


ÉRASE UNA VOZ…

Los naipes están servidos,
cada plato espera el abordaje comensal del oro
en copas esmeriladas por el fuego que la espada blande
cantando el coro ¡¡las cuarenta en bastos!!

Es un juego cantar con alegría, la novel noticia que titila,
en los corazones bruñidos del pulso mortal con la suerte.
Cada partida es una muerte, todo efebo un número exacto
y el pétalo una letra capaz de trocar el pescado en veneno.

Érase una voz que de cinco continentes provenía…
¿alucinaciones esa melodía? ¿es furtiva la locura?

Nuestras manos siguen siendo educadas en el saludo, en cada pacto,
nuestras manos conservan la caricia y del dolor conocen
la distancia precisa de la espada, el brillo del oro, la esencia del brindis.

Esa sombra de nuestras manos abiertas al sol
ese puño que de madera suena al cantar las cuarenta verdades del fango
ese temblor, del eco que somos, conserva el aplauso en la copa de tu sed
y la dureza en diamantes del trébol que elegantemente asciende
por la escalera de color para dibujar el bronce índice de la sirenita.

Carlos Fernández