sábado, 28 de noviembre de 2009

TALLER DE POESÍA DE LOS SÁBADOS A LAS 18:00



GRUPO DE POESÍA DE LOS SÁBADOS A LAS 18:00 h
-revista virtual-
COORDINADOR : MIGUEL OSCAR MENASSA
NÚMERO - 34- 28/11/09
Semana a semana iremos mostrando en este blog el producto del trabajo realizado en el Taller virtual de poesía los sábados a las 18:00 h de la Escuela de Poesía Grupo Cero, coordinado por el poeta Miguel Oscar Menassa



Cuadro: Arcoiris. Magdalena Salamanca.



OTRO POCO DE CALMA, CAMARADA... (De César Vallejo)


Me he perdido entre las embarcaciones más atlánticas,
esas que arremeten contra furia de los cielos
y hubo días en los que calculé mal la distancia.

Trágicos emblemas de pasiones arrodillas;
han nacido de mi vientre para saciar su ansia
y sólo consiguieron malgastar el tiempo.

Calma, camarada, otro poco de calma.

He de confesarte que de cada atardecer, pienso luz.

Pienso en la tenaz maniobra de fundirme oscuramente
hacia la pródiga templanza de la noche,
pienso en los continentes y su desequilibrio,
en la patria que desenvuelven los sueños,
en los decires que hacen surcos en la piel
y me aconsejo; otro poco de calma, camarada...

Magdalena Salamanca










Cuadro: Doblaje cinematográfico. Miguel Menassa



POEMA



Tengo una congoja instalada en mi garganta,
una añoranza, una pérdida, un “qué pasará”.
Hay golpes en la vida tan fuertes,
pero otros, que no parecen golpes,
también desgarran el corazón.
Nunca llega a acostumbrarse uno a perder,
aunque sea para abrir nuevos caminos.
A 200 por hora, en plena oscuridad,
me dirijo hacia ti, pero no volveré a encontrarte.
Una distancia inaprensible nos separa,
un tajo en la arena
que alguien se ocupará de tapar
con algún juego infantil.
Y así pasa el tiempo,
sin piedad, sin lágrimas,
en este ronroneo del tren de mi vida.
Adiós, he de seguir viajando.
Rompo las cadenas que me ataban al pasado
y me abro a lo nuevo,
joven, con una sonrisa abierta, metálica.
Cae este punto que no será final,
sino el punto y seguido de otro poema.

Helena Trujillo








Cuadro: Pájaros entre montañas. Miguel Menassa


SECAS LETRAS

Barnices y lágrimas para estas letras
a punto de desaparecer.
Y que vuelvan a respirar con aquel dolor
de toda vida. Con aquel amor desconocido.
Jugos y vientos maduros
alimentan ávidas raíces.
Seca tierra abandonada,
abre tus cauces ocultos,
tus ríos imposibles.

Kepa Ríos Alday




Cuadro: Lujurias. Miguel Oscar Menassa


FIERA ENJAULADA


Multiplica los errores
de los años,
y como una fiera enjaulada,
sometida a quedarse quieta,
porque nadie
era capaz de controlar
sus fuerzas,
se tragó uno de los barrotes
de la jaula,
y murió.


Lucía Serrano






Cuadro: La señorita de la librería. Miguel Menassa



ME DEJÉ EN LA SILLA Y A LA ESPERA ( Fernando Pessoa )





¡Cuán breve ha sido el tiempo de esperarte!
Como si cada minuto fuera una despedida,
así lo resumí en los penúltimos atardeceres,
cuando sepultaba cada gesto de Dios
sobre mi conciencia de pecador tardío.

Humo de rumbos sobre barcas soñadas,
que hicieron de la soledad
un alarde de esperanza,
cuando lejos de sentirte
absolutamente exacta,
me olvidé de recoger tus gestos.

Ahora, dentro de este paraíso perdido
hay quietud de manos y somnolientos cruces de ojos,
que atados a una despedida
viven entre un hombre oculto
y una mujer que celebra su vida.

Piensa, si de atreverse se tratara,
que hay un pozo donde sombras de tu ayer
agonizan esperando un retazo de luz
que las sepulte.

Con su gesto agónico y de cansancio simulado,
cuando cae la noche, todas las almas se apagan.


Miguel Martínez Fondón
Cuadro: La balada. Miguel Menassa.



HOY EN EL PARQUE


Hoy el parque estaba sumergido en una nube de amianto volátil
que caía pesada sobre mis hombros desparejos.
Separada del tiempo indefinido me detuve frente al temblor gris
donde mis sueños entorpecían mis labios soportando el desvanecimiento
de cualquier ilusión vuelta palabra.
Atada a mi reloj, mi alma no recogía
ningún átomo del tiempo pegado en las hojas de los árboles
que se espesaban frondosos en esta primavera.
Corredores del tiempo eran las calles asfaltadas
en formas de caminos estrechos,
donde mi rostro separado de mi argumentaba puertas
que se abrían hacia todas partes para terminar puntuales
en medio del ruido de las marchas que rozaban el espanto.
Apreté junto a mí el pequeño frasco de vidrio donde guardo las esencias
y vapores de incierta pureza invadieron el recorrido de las sendas
que llevan a la fuente o a la calle.
La simetría perdida entre mis pasos se retorcía en laberintos
donde se amalgamaban mis visiones y mi sombra
adquiría su última forma acostada y extendida,
entregada a especulaciones inútiles sobre el vuelo de las aves.

Un transeúnte matutino alcanzó el intervalo
donde quedó el suspenso gravitando como un péndulo
entre la certidumbre y la evidencia de la noche pasada,
profiriendo el antiguo vocablo:
Yo fui la hora,
el acto acontecido,
esta humilde impiedad que no se metamorfosea:
Fui tu pasado.

Y la luz ejecutando las tinieblas,
dejó un virtual reflejo de mi propio resplandor,
el fuego diamantino que huye del reloj,
la joya de mi noche.

Norma Menassa





Cuadro: El botón izquierdo. Miguel Menassa

POEMA SIN TÍTULO

Están las rosas abriéndose en tus manos,
llenándose de sí mismas
delicada forma la de sus ojos serenos
emergiendo
sostenidos
en la madre de todo silencio.

Dobla el verso la esquina
y se muerden en los labios
con la punta de los dedos.
Distribuye la soledad y deja
de existir. Brotan las flores.

Abandono la fórmula de la memoria
y los perfiles de las sombras
dibujados para nadie.

Me entrego a la noche
me río, me incorporo,
me rebelo
buscándote siempre.


Mónica López Bordón.







Cuadro: Vendrá la mañana. Miguel Menassa



POEMA SIN TÍTULO

Un buen pretexto,
suficiente para iniciar
el movimiento y manejar,
con delirio,
el cincel
que despide,
hacia el abismo del mundo,
lascas marmóreas
que inmolan el regusto
del recio abolengo.

Pilar Rojas







Cuadro:Lo que esperamos. Miguel Menassa


SIN TÍTULO

Corazas infranqueables guardaban la mirada,
piel descolorida formaba deseos sobre torres de espanto,
placeres prohibidos con sabor a estío,
arrastraban los pies sobre la tierra,
que no alcanzaban las manos,
grito ahogado en la garganta, que no hallaba la voz.

Niebla envolviendo leves susurros
que derretía la sangre en las venas, gota a gota.

Ah! Tantos besos de amantes
robados por la pálida historia,
tendidos entre tibios arrecifes,
presos de corsarios de ojos rubios, como su cabellera.

Y preguntas con la vista ahogada,
con esos estrechos labios que abrazan el triste muro,
si es posible, como antes, nuevamente,
arrojarte en esos brazos tan jóvenes,
sin que se despeñen entre cataratas,
esos cuerpos amándose entre risas obscenas,
sin preguntarse por nada,
como cuando un guante, abandona la mano.




Vicente Prada Gómez





Cuadro: Murallas del tiempo. Amelia Díez




SIN TÍTULO




Esa ausencia tuya que quisiera llenar,
ese vacío que se llama con tu nombre.

Eres aquel que vive sobre el mundo,
el que engendra con el verso y la paleta,
el que nace como un huracán de horas
y no conoce la derrota de la huída.

¿Quién es aquel que camina por la estepa,
el que fermenta las palabras entre siglos,
el que nunca duda de una muerte segura?

Eres el que desciende y asciende sin abismo,
cada mañana y cada noche, entre cárcamos
y escalpelos desnudos y bocas ansiosas.

Tu ausencia se ha llenado de nombres
y el futuro ha roto esperanzas sombrías,
ya no sé nada, ni cuántos son los sueños,
ni si los remotos silencios que horadan la espera
acamparan sobre mi desértico mañana.

Tantas veces he nacido y he muerto,
tantas veces no he nacido y no he muerto,
que quisiera permanecer hasta que no vuelvas,
poema de mí y de tu ausencia.

Amelia Díez Cuesta









Cuadro: Las espirales del amor. Alejandra Menassa




SIN TÍTULO



Cuando resuelvo a golpe de palabra en lugar de a dentelladas,
cuando me rindo al símbolo que guarda y no a la daga,
cuando hago paces y no guerras con tu sombra,
cuando gana el amor –que a veces gana-…

Cuando me rindo y dejo que las cosas transcurran
me deshago de mí misma y me abandono a pactos luminosos,
dejo partir el trasatlántico con la dama venganza en la cubierta.

Y dejo de llorar y de sentirme herida,
que no es a mí a quien iba dirigida la bala,
ni siquiera hubo bala, ni hay más herida
que la de un yo que se resiste a ser de las palabras.

Alejandra Menassa de Lucia







Cuadro: Explosión azul. Carlos Fernández



POEMA SIN TÍTULO

Viene del futuro esta luz cristalina,
destellos marinos de sal liquida, paradójicamente,
endulzan mis manos en la sierpe donde
los labios piden la humedad del néctar y
los ojos, firmes como la brújula del horizonte,
esperan últimas noticias de la revolución.

Humilde y nada modesta opinión acunaron la muerte en su regazo.

Un título espera la imposible llegada de Orfeo a la cantera del verbo.

La roca alivia la dureza de todo rostro y las huellas que vendrán
señalan el vértice del corazón que llueve cada luna de abril.

Hay días donde cantar produce flores y el viento es dulce y la caricia
del adiós es un bienvenido hermano.

Carlos Fernández





Cuadro: Escaparate de pasiones. Manuel Menassa
POEMA SIN TÍTULO

Despierto
en el alba solitaria
alejándote.

Dormido
con los ojos de la noche poblada
navegando el sueño.

Repito este silencio de mí
de quién sin buscar encuentra.

Manuel Menassa de Lucia








Cuadro: Frente a tus ojos. Carmen Salamanca




SIN TÍTULO

Bullía la ciudad, enfrascada
en el cotidiano afán
de alcanzar la noche y cobijar su nombre.

Era el momento
de volver a sumergirse bajo la piel
de aquella matriz descomunal,
y navegar por sus arterias,
que expandían el latido
de ese núcleo homogéneo y desigual,
siempre diferente al recuerdo.

A mi alrededor, un insólito peregrinar de cuerpos
fluía como pequeñas tribus en pie de guerra.
Habitantes del abismo, aquellos seres
se disponían a repetir la hazaña diaria.

Gigantes de baja estatura, disimulados
entre el gentío, ajenos a feroces rencillas por venir.

Jerifaltes de cejas rubicundas,
enfrascados en cábalas mediáticas.

Inaudibles guerreros de dorada armonía
en el vaivén de sus ojos.

Escuálidos cachorros, huérfanos
de manada, condenados a la ignorancia,
en la brutal carrera del tiempo.

Vírgenes de cartón,
levemente azoradas por el tumulto,
que bucean, abstraídas de la verdad,
en el submundo reticente de los sueños.

Grandes matronas de espéculo inservible,
danzarines del talante acumulado,
rateros de letra impresa,
fisgones de la ilusión ajena,
músicos cubiertos por el polvo de la espera,
desmenuzados en anónima rebelión.

Y, al fin, la esperada voz,
diosa de la fe impalpable,
poniendo en mis manos el eco inminente
de un final esperado:
próxima estación: Lista.



Carmen Salamanca





Cuadro: Palabras sin rumbo. Claire Deloupy



SIN TÍTULO



Sin título como la vida,
como los romances antiguos,
como los grandes barcos del alba.
Esos gestos extremos de las miseria,
caballeros andantes, almas que no las creó ni Dios.
Sin título, como esos inventos diabólicamente humanos.
No tiene título el amor ni bandera sempiterna.
El sin techo no tiene título
ni los oasis del tiempo donde florecen
entre palabras los encuentros.
Estallando por los vacios del alma
en los límites de la turbulenta ciudad
no ostenta el sol título alguno.
Soy de carne y hueso, de besos y palabras
y ningún título viene turbar mi dicha de vivir.
Caerá la noche, otras palabras entrecruzarán sus letras
con mis arrugas y ninguna será título de nobleza.
Mas, todas juntas, esparcidas y combinadas
en miles y miles de bocas , serán y seguirán siendo
la vida misma.

Claire Deloupy

domingo, 22 de noviembre de 2009

TALLER DE POESÍA DE LOS SÁBADOS. 21-11-09


GRUPO DE POESÍA DE LOS SÁBADOS A LAS 18:00 h
-revista virtual-
COORDINADOR : MIGUEL OSCAR MENASSA
NÚMERO - 33- 21/11/09
Semana a semana iremos mostrando en este blog el producto del trabajo realizado en el Taller virtual de poesía los sábados a las 18:00 h de la Escuela de Poesía Grupo Cero, coordinado por el poeta Miguel Oscar Menassa



Cuadro: Alguna vez a solas. Manuel Menassa

“LA AURORA LLEGA Y NADIE LA RECIBE EN SU BOCA”
Federico García Lorca

No hay nadie del otro lado,
en lo muerto, en la muerte.

Siempre es el mismo camino
emprendemos tan solamente solos
el último viaje hacia ningún lugar
y en esa circularidad sempiterna
nos vamos perdiendo.

Como lo hubieran hecho otros antes
miramos con la luz de los hombres
y sabemos que el animal
se aleja vencido entre las sombras,
porque la muerte es nada.

Manuel Menassa

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Cuadro: Borrasca. Carlos Fernández

“EL PRIMITIVO SILENCIO DEL CORCHO”
Federico García Lorca


El abolengo conoce las dos caras del valle
espalda y frente se conocen. ¡Se conocen, sí!
Y la fórmula vertebral nace como fiel balanza que rumia
el grito del artista con el tallo espliego de la cosecha.

La raza es dura en su declinar de corcho, todas las pieles
terminan como el carbón, cetrinas en la noche,
huyendo el vello, como el fuego silencioso, que nada quema
y todo arde en tu reloj de bolsillo.

Toda ladera otro descenso permite en
la repetición incesante de la cruz que oculta
la cara ocre del valle donde
el tomillo y la retama juegan con el sol el color de la tarde.

Todo vuelve a dormir su jornal de mañana: el cacique, el apóstol y el pastor
son caimanes que la selva torturó hasta la sangre y
el plumier custodia en tu pasado de unicornio azul.

Nadie vigila la cara abierta al desnivel donde el valle
-hombre enamorado de la nieve-
se desploma como la sombra del buitre
allí donde crece el verde tuétano de la virgen flor.

Éste valle no conoce invierno y todo entierro se justifica,
entre la espalda del pastor y la pluma escarlatina
de aquella antigua profesión que sueña el afilador
huyendo en el primitivo silencio del corcho.

Carlos Fernández

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Cuadro: Paisaje de mujer. Alejandra Menassa

“LOS ROSTROS BOGAN IMPASIBLES”
Federico García Lorca

Escuchad, escuchad hombres,
que la dama ha huido de su jaula,
ella, la que le hace sangrías a la noche del alma.
Ella, con sus cuatro jinetes.

Escuchad mujeres, sólo el poema
es escudo, yelmo y lanza,
sólo el poema rebrota su pisada.

Ella se ha libertado ya de las cadenas
que nosotros seguimos abrazando.

Ella vuelve de su propia muerte,
resucita cadáveres de espanto,
ella siembra alelíes diminutos
en los ojos del ciego.

Escuchad, escuchad niños;
ella juega a la taba con sus huesos,
hace rodar palabras en el blanco papel,
y en la piel de los hombres, hace rodar arrugas.
Como ríos que huyen presurosos de
cauces desbordados dibuja lágrimas
en sus prístinos ojos,
y un diamante preciso entre sus pechos,
que late en cuatro idiomas.

Escuchad, escuchad hombres,
mujeres, niños, dromedarios,
Los rostros bogan impasibles,
ignoran su llegada, la explosión en las manos.
Escuchad: eso que oís es el pisar sereno
de los versos.
Hoy es la poesía,
la que urdió túneles con su cuchara
en las grutas en las que la guardaban,
para uncir poemas a las yuntas del alma.

Alejandra Menassa de Lucia

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Cuadro: Camino de hielo. Magdalena Salamanca

PARA QUÉ VENCER

De la lucha han desaparecido los vencedores.
Las máquinas de guerra han borrado huellas y
la contienda niega la amable caricia del asesino.

Ya nada augura la humillación o la barbarie,
el sol se arruga ante la sangre y los desaparecidos
deambulan por la superficie de una nueva vida.


Magdalena Salamanca

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Cuadro: Los brotes de la tierra. Miguel Menassa

“SOBRE EL CARO DESPOJO ESTA URNA CINCELO”
Rubén Dario


Altiva la figura, prieta en desmanes,
sus pasos recorrían la ciudad esas tardes
en las que un morado destello
cubría el horizonte presagiando ensueños.

Sus huesos, cubiertos de harapientos despojos,
cincelaban el tiempo, rompiendo el soliloquio
de alondras que inundaban el cielo
con un vuelo lento y titubeante.

Él, caminaba despacio, con una precisión
que intimidaba al pavimento.
Conocía el futuro, próximo cadáver,
sólo un instante le separaba de un seguro destino.

Pilar Rojas

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Cuadro: El confín del tiempo. Miguel Menassa

“TAL VEZ ESA MUJER MAS VISIBLE ES DE NOCHE”
Vicente Aleixandre


Tal vez esa mujer más visible es de noche.
Sus ojos no responden ni al dolor ni al rencor.
Esconden tras su mirada perdida otros océanos
donde naufragaron sus lágrimas, algunas de incognito,
como su semblante: púrpura mate sobre sus mejillas.
Ha recorrido su destino poniendo pupila sobre cada paso,
mirada sobre giros, sueños en blancos en su vida.
Y sin embargo, no siente pudor por haber amado.
Ha creido a todo amante pero también ha dudado.
Porque detrás de tantas voces, todavía reconoce ese hilo
del pasado enronquecido que la llama y algo le cuenta.
Pero esta vez no quiere ser ese nicho donde reposan
los recuerdos, ni tener el rostro macerado de mujer pródiga.
Esta vez quiere velar su sonrisa y desvanecerse
como agua que busca la grieta por donde hallar
salida, como el humo de los tristes soplos
que aventuroso huye por la venta y se deshace
en mil partículas o como bestia nocturna,
que busca dormir cuando el día amanece.

Miguel Martínez

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Cuadro: Lo que esperamos. Miguel Menassa


“AZOR SIEMPRE O SAETA”
Pedro Salinas

Nos fuimos a nuestro mar
encalado en estas manos mías de hoy.

Con las flechas del viento
inaugurando el cielo y la tierra
caminamos hacia el norte
en un vuelo escrito por el alma.

Águila esbelta
de contorno desdibujado
ante el ángulo de nuestro ojos,
escapas por tantas preguntas
entretejidas, caprichosamente,
sin respuesta.

De ayer para hoy un verbo despierto
que se dice en el momento preciso
de partir.
Resuena el eco
cuando comienza la evasión de la luz.

Azor siempre o saeta.

Me agarro a la cintura del mundo.
Poblada de viajes y sueños
no me dejo turbar por el vacío,
late el abismo del tiempo fugitivo.

Regresaste sin lágrimas al despertar.

Doy otro paso más, otro vuelo por la vida.
Huella en mi piel de inacabables alas.

¿Ahora, a dónde vamos?

Mónica López Bordón

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Cuadro: La pasión del viaje. Miguel Menassa

“TROPEZANDO CON MI ROSTRO DIFERENTE DE CADA DÍA”
Federico García Lorca


No te hablaré de los miserables
por si mi nombre figure entre los suyos.
Ni de mi nombre de mil caras al viento
ensangrentado por la tristeza.
Mi rostro iluminado por versos ajenos
cuando despega el alba
huyendo de pavor entre las zarzas
marcando el precio de cada cosa.
Mi indescifrable rostro de la muerte
enfrentándose al vacío de sus ojos
golpeando cada milímetro de la vida
para vivir un minuto más.
No te hablaré del dolor
para que no traspase el umbral de mi puerta.

Te hablaré con palabras
y diferente será el rostro de cada día.

Claire Deloupy

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Cuadro: El sueño dorado. Miguel Menassa

“LAS CAVERNAS CRUELES DE MI INGRATITUD”
César Vallejo

Pesa la noche sobre mis cansados hombros,
el camino se cierra huérfano de luz.
Busco cobijo entre los zarzales,
para seguir, al alba, mi rumbo.
Añoro el dulce calor de tus entrañas,
vacío quedé tras mi traición.
Perdí mi diosa y me quedó el desdén.
Ahora serán otros los que a ti se abracen
y viertan sus jugos amorosos
en el cuerpo que yo antes cultivé.
Tirado quedo en la negrura
pues fui expulsado del paraíso.

Helena Trujillo

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domingo, 15 de noviembre de 2009

TALLER DE POESÍA DE LOS SÁBADOS. 14-11-09





GRUPO DE POESÍA DE LOS SÁBADOS A LAS 18:00 h
-revista virtual-
COORDINADOR : MIGUEL OSCAR MENASSA
NÚMERO - 32- 14/11/09
Semana a semana iremos mostrando en este blog el producto del trabajo realizado en el Taller virtual de poesía los sábados a las 18:00 h de la Escuela de Poesía Grupo Cero, coordinado por el poeta Miguel Oscar Menassa
Cuadro: Atardecer azul. Miguel Oscar Menassa.

EL MISMO CORAZON Y EL MISMO PENSAMIENTO

Nazim Hikmet
Se alejaron los reyes magos,

Murieron los amigos desganados,

Crecieron las plantas en el jardín,

El verde del césped subió muy alto,

Aumentaron las plagas por falta de cuidado,

Se acabaron los títulos de nobleza,

También partió mi padre hacia otras tierras,
No hubo más barrios conocidos,
Desaparecieron las monedas del arcón,

Se fueron quedando sin aire los pulmones,

La boca se secó de tanto hablarle a nadie.

No llegaron las golondrinas

Como si se hubiesen terminado los veranos

Papá Noel estaba entre el gentío,

Sin sus vestimentas, sin su barba.

Era difícil encontrar algún conocido.

Todo quedaba lejos,

El mar pareció ocultarse,

El corazón latía acelerado por volver,
Las alarmas dejaron de sonar,

Los teléfonos todos quedaron descompuestos.

Sin embargo yo, tenía el mismo corazón

Y el mismo pensamiento.


Lucía Serrano
Cuadro: Bebedores de cerveza. Miguel Oscar Menassa.

Y SIN RUMBO ACUCHILLA LAS SIMÉTRICAS OLAS *

Noche deslumbrante

que retuerce sus caderas

y estremece los abismos,

donde el poeta se dispone a seguir su camino.

Unos hombres sordos le despiden,

angustia profunda balbuceando entre las piedras,

vergonzosa hilera de fantasmas,

cadenas rotas colgando sobre los hombros.

Él se aleja de aquel bosque durmiente,

de aquellas estatuas vacías,

donde los ojos,

¡malditos ojos!

derribaron un amor cerrado

entre brumas de escarlata.

Y sin rumo acuchilla las simétricas olas,

donde los océanos se visten de ceniza,

donde sus ojos se despiertan en otros,

mundo de alambre,

donde el olvido vuela sobre el suelo

y el grito como deseo,

trepa por adormideras,

hacia las estrellas del estío.

VICENTE PRADA GÓMEZ.

* Verso de Luis Cernuda.


Cuadro: Abismos imposibles. Miguel Menassa


TIENE UN VERSO EN LOS OJOS

Amanece

como el abrazo implacable de los amantes

que late en las palabras.

Fuego inexorable enarbolando

preguntas en su laberinto.

Tiene un verso en los ojos.

Estremecida en la alegría de vivir

sabe que ellos le hablan a la noche

con un rostro que nunca volverá.

Su murmullo extraviado

escribe en la distancia

un canto de amor

que crece y se desvanece.

Destello fugaz.

Es el tiempo de color azul,

fluye y florece lento, arraigado.

Los ojos vuelven a mirar

ese verso escrito buscando su historia.

MÓNICA LÓPEZ BORDÓN


Cuadro: Multánime latido. Alejandra Menassa.

LA POESÍA ME LATE EN EL COSTADO

A Miguel Menassa, maestro

Este verso es el último verso y está muerto.

Miguel Menassa

¿Qué hacer cuándo la poesía te congela la sangre,

te detiene en la dicha, te atrapa en su lazada?

¿Qué hacer cuando el disparo certero de los versos

hace saltar resortes de rincones recónditos,

insiste en empujarte desde el goce hasta el goce,

insiste en penetrarte como la luz del día violentando la noche?

Y el tiempo detenido, sólo para escucharla,

silenciado el latido sólo por no acallarla,

la vida que se para en medio de la estrofa,

para empaparse en ella, para beber en copa

los versos escanciados, las frases memorables.

Acertijo de luna, polvo de multánimes estrellas,

polvo de humanos huesos y humanos estertores,

te he sentido reptar por el ancho edificio de mis venas,

treparme al corazón como a altas ramas hondas,

te he visto colonizar mis células, henchidas en tu música

como velas ustorias, bordadas en tus letras.

Y es una infección íntima, un férreo desembarco,

un alud imparable, un agosto de emocionadas lágrimas,

cuando se agolpa el verso a las puertas del alma,

cuando el ariete poético derrumba las murallas

Cuando restalla el poema, aldaba de los días

que llama a nuestro humano y lo saca del trance,

y lo levanta, y sin piedad, lo exalta.


Alejandra Menassa de Lucia


Cuadro: Olga de Lucia. En el centro del volcán.

AGUAS DE UNA VERTIENTE AL LIMITE DE SUS FUERZAS

Deambulo en un mar de dudas y desvelos,

transito a diario las cumbres más escarpadas

y me desvanezco en las saladas aguas del mar

adonde arribo mansamente.

Hay vida en el mar y también muerte.

Así le dijo el arroyo al majestuoso río

y éste al profundo mar.

Así me dije en un recodo de la vida

donde el dolor me tiró sobre las cuerdas

y una ausencia me arrastraba a su vacío.

En libertad me hubiera dejado morir.

Por eso adoro la cadenas,

necesito tus manos tersando mi piel,

tus palabras acariciando mi cuello.

Necesito...no sé...

Sóle sé que una desgana me arruga el alma

y mis pies sin fuerza, se dejan estar en el río

que mezcla sus líquidos sin fronteras, ni artificios.

Desolado, sencillamente desolado,

ahoga su garganta un grito de auxilio.


Olga de Lucia


Cuadro: Lanberintos de pasión. Amelia Díez.

ME VIENE, HAY DÍAS, UNA GANA UBÉRRIMA, POLÍTICA,

César Vallejo

Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,

de escribir y escribir hasta alcanzar la página, que me llama,

desde la lágrima del odio y la nostalgia, desde un futuro,

que no quiere acomodarse entre mis piernas y tus sueños,

que no quiere plantar anfiteatros en los muelles del silencio

que reza mientras no dejan de hablar para nadie y para algo.

Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,

de besar la noche en que hablando y escribiendo llegué hasta hoy,

hoy que no se detiene ni quiere abandonar su movimiento

ni saludar como si fuera a volver a pasar sobre sus pasos,

ni rodar como una cabeza ya sin cuerpo, ya sin hombros,

donde otros me olvidan y se mecen como centauros.

Me viene, hay días, una gana inédita, de vivir, y morir,

me viene, y no se me va; más bien me empuja,

me subvierte, me convierte, me divierte,

me desliza y me condensa entre labios propios y ajenos

ampliamente cerrados y abiertos.

Amelia Díez Cuesta


Cuadro: El don del amor. Miguel Menassa.

¡QUÉ FELICIDAD IGUAL A SEISCIENTOS TREINTA Y DOS! (Pedro Salinas)

Raíz de verde número

que sobre la piel oculta deshaces

el nudo brutal de la ignorancia.

¡Qué inexactitud igual a nada!

De la cuenta te escapas, número o palabra

que olvidaste en tus sumas...

¿Se habrá elevado al cubo? ¿Habrá

preferido ser fracción,

y tendrás, en tu ecuación generatriz,
un treinta y cinco por ciento de todo?

¿Qué cifra maldita se ríe

de tí entre las sábanas del llanto?
¿Recuerdas las palabras divisores,


las frases que funcionan como un polinomio

y se anulan en un nombre, o quedan

indeterminadas como un gesto inacabado?


Trata al numerador como a ti mismo,

y cuando quieras imaginar un amor infinito

recuerda el seiscientos treinta y dos.

Kepa Ríos Alday


sábado, 7 de noviembre de 2009

TALLER DE POESÍA DE LOS SÁBADOS. 07-11-09



GRUPO DE POESÍA DE LOS SÁBADOS A LAS 18:00 h
-revista virtual-
COORDINADOR : MIGUEL OSCAR MENASSA
NÚMERO - 31- 07/11/09
Semana a semana iremos mostrando en este blog el producto del trabajo realizado en el Taller virtual de poesía los sábados a las 18:00 h de la Escuela de Poesía Grupo Cero, coordinado por el poeta Miguel Oscar Menassa





Cuadro: Hojas de otoño. Miguel Menassa

NO MUERAS, TE AMO TANTO

César Vallejo.

Estaba enferma de humanidad y como todos, una vejez anciana
la venía siguiendo por la espalda, disfrazada de muchacho,
le venía haciendo señas, gestos insinuantes, de una seducción inapelable.
Y ella tampoco quería enlentecer la tortuga del tiempo
o terminar de una vez con los tontos relojes,
y le guiñaba un ojo a aquél muchacho o fruncía los labios como besando el aire.

Se regodeaba en sus años transitados,
sus años hechos a fuerza de amar los minutos las horas.
Se crecía su cuerpo de mujer madura y joven frente al espejo
Que la abrazaba con diamantinos brazos.
Era toda de a noche, novia de la letra esposa de los astros.

Se afanaba en alcanzarla la dama que teje trajes de telarañas a los muertos,
la que invita al banquete a los gusanos

la que esparce cenizas funerarias al viento del último estertor.
Él la amaba., surcaron juntos eternidades de risas y de llanto,
tuvieron hijos, hicieron juntos y separados libros, casas, árboles, fiestas…
Él le tomó la mano rogándole que prolongara su mirada
una hora, un minuto, un segundo, una décima más:
“No mueras, te amo tanto”
Ela lo miró tiernamente, regalándole los últimos instantes de sus ojos abiertos
y le dijo: “No me sigas. La vida es mucho más hermosa que mi muerte.”

Alejandra Menassa da Lucia



Cuadro: Máscaras del olvido. Amelia Díez


PARA LIARSE A GOLPES ES PRECISO ESTAR SOLOS,
COMO PARA HACER EL AMOR, PERO SIEMPRE ESTÁ LA NOCHE.
Cesare Pavese

Para que nadie muera es preciso romper el dos,
romper las tinieblas que Noé instaló,
romper la rabia que de lo nuevo se burla
y romper también lo que de lo viejo se endulza.

Para liarse a golpes es preciso estar solos,
cuando la muerte acecha tras el amor único
cuando la verdad huye tras el brillo del héroe
caído sin que el atemporal telón abra sus puertas.

La noche es un testigo que no duerme.
Vela las cornisas del odio y ruega por el amor.
Sentado en sus orillas como un amanecer
insiste en borrar su aciaga negritud.

El amor no amanece entre brazos caídos
ni en rostros ausentes a golpes de mano.
El amor no arde entre celos exclusivos
no pide nada a nadie, tampoco reza.

Para liarse a golpes es preciso estar solos
como para hacer el amor, pero siempre está la noche,
la noche que vela por los que nacen y mueren,
la noche que desconoce el fracaso y el triunfo.

Por eso que tres veces tres y otras tres
se cierra y se abre lo que si no habla no existe.
Detengo los golpes, desnudo el amor
hasta que todo final inaugure un comienzo.

Amelia Díez Cuesta




Cuadro: Gestación del amor. Miguel Menassa


SU MANO DE ADIOS, UN GOLPE DE OLAS EN EL ALMA

Me devuelves al mar para que aprenda
el hechizo de las voces del olvido dejadas en las manos.
Pequeñas lágrimas detenidas vibran a mis espaldas y mi pecho
rompe en un charco de lamentos contra una atmósfera de piedra.
Los años pasaron como selvas estrellándose
contra un horizonte sin abismos
y se alejó de mi el ruido de tus pasos que fueron
ecos de las olas cerrándose en ovillo antes de su desmayo.
Había presagios en el cielo y signos en el aire.
Venía la belleza hacia mis ojos
y caminaba segura en tu planeta.
Yo te hice flor y música de nardos hicieron de tus pies
dos alas haciendo de tu impulso ciego
un camino que lleva a lo infinito.
Fui la circe del mar en que viajabas descuidado
y cantaron nenúfares de noche sobre el encantamiento
mientras la rueda de la espera contagiaba de luz
toda la realidad en un instante.
Vibraron sonidos de una vieja flauta que acompañó a la noche,
aquella noche donde dos angustias se hablaron en secreto
para nombrar el mar, sabiéndolo innombrable,
y las olas se agrandaron satisfechas porque fuimos
el endemoniado fondo que atraía con todas sus fuerzas invencibles,
a los monstruos sonámbulos heridos,
perdiéndonos en una agitación que nos golpeaba el alma.
¿Acaso yo sabía del hechizo?
-Oh, esa belleza del mundo entrelazada de música y ausencias
donde el destino habla-
No hay manera de cambiar los signos
y el encuentro dura lo que dura un sueño
y es tan real como las tempestades.
Pero quedó tu mano de adiós con ritmo de ave,
moviendo con la solemnidad de una mujer que se desnuda,
el torbellino de un fuego originario donde arde el mar y su delirio.

Norma Menassa




Cuadro: Abierto a la vejez. Miguel Menassa

LAS ARROJÓ AL FUEGO

Bertolt Brecht
Sí…
Las arrojó.
Sin piedad, sin remordimiento, sin prisa.
Las arrojó de costado y de frente.
Las arrojó sin torcer el alma.
Las arrojó para siempre.

Llovía y las gotas no tocaban ya las llamas.
El crepúsculo irrumpía con sus nostalgias,
pero las llamas pudieron más.

No…
No quedó ni ceniza de lo arrojado,
ni sombra
ni voz.

No quedó murmullo del crepitar ardiente.
Sólo letras compañeras,
letras en sus multiplicadas posiciones,
palabras más allá del calor,
de la vida.

Claire Deloupy


Cuadro: Agreste Paraíso. Miguel Menassa

¡TÁNTA VIDA Y JAMÁS!


Abandonada entre tus cuadernos de bitácora,
fui adentrándome en vestigios de arrecifes inhóspitos
y, ahora, retomo la superficie de tu piel
para vivir contigo hasta la mañana.

Recuerdo la displicente censura
el adinerado gesto de las calles
nuestra mirada perdida bajo el asfalto
y, sin embargo, la firmeza de nuestros pasos .

¡Tanta vida y jamás! hubo disfraces para el alma,
solo mutaciones paradigmáticas
que frotaban con ternura
los hábitos más sofisticados.

Encontramos en la sangre, un camino,
latido ágil que insólitamente,
trasparentaba los sentimientos
y nos hacía vulnerables ante la justicia.

Después, aprendimos a distinguir, luz de oscuridad,
y nos quedamos ciegos.

Magdalena Salamanca




Cuadro: Las puertas de Madrid. Miguel Menassa

LA COSA ES NO ENTREGARSE

No te inquietes si el alba te parece impalpable,
Y los lirios no crecen como tú lo esperabas,
Y se desordenan las cosas a tu alrededor,
Y sientes el derrumbe que aleja la alegría,
Y piensas que termine ese tiempo miserable,
Y no puedes saber lo que tú buscas.
Ahí cuando lo fácil es dejarse estar,
Convencerse que el mundo no se ha hecho para ti,
Ahí cuando las nubes ocultan los brillos de la luna,
Tú no te entregues a esa melancolía.
Que no te seduzca con su necesidad postrera,
Que no te sigan sus sílabas.
No la escuches cuando habla en voz alta,
Sin dirigirse a nadie.
Tú no te entregues, esa es la cosa.
Después te reirás a solas y a lo alto,
Y verás que hay un mundo
Esperándote a ti, del otro lado de ese asfalto.

Lucía Serrano
(inspirado en un el poema de Nazim Hikmet "Esa es la cosa"


Cuadro: Virutas de libertad. Carmen Salamanca

EL SILENCIO DE TU INVARIABLE NOCHE
(Dámaso Alonso)

Decidí escapar hacia la base,
escatimando lágrimas y rajadura
en la escalinata de tu rostro.
Desenterrar hendiduras, pernoctar
a espaldas de la garganta,
entre errores desgastados
hasta la postrer imagen de los días.

Desanudar las leyes de mi cuerpo
al ritmo de precisas disyuntivas,
más allá de la marabunta,
esencial, que nos habita.

Descorchar, al fin,
cada marca entre los ojos
bajo la inmarcesible estampa
de este latido, en el silencio
de tu invariable noche.

Carmen Salamanca


Cuadro: Ecos del reloj. Miguel Menassa

COMO MUROS QUE SE DERRUMBAN

Noches en que a veces, de pronto,
me siento rodeado de pardos montes,
de locuaces ríos, de nevadas cordilleras,
que cubren de amarillo mis sienes.

Aquí me teneis,
dispuesto a perderme entre enredaderas,
entre fuentes ocultas,
donde las pisadas conducen a secretos salones,
donde la luz se afana por hundirse.

Noches donde la almohada
se escapa del sueño,
donde la mentira es carne
y la verdad se viste de ceniza,
y ninguna pronuncia su secreto torcido.

Son como muros que se derrumban,
cuando los pájaros se marchan
y el corazón enmudece.

Vicente Prada Gómez


Cuadro: Explosión de primavera. Olga de Lucia

PORQUE CADA EDAD TIENE SU PLACER Y SU DOLOR

Marchaba Eros con su tea abrazadora
alumbrando las cumbres del Olimpo.
Contagiaba a su paso el calor de la vida,
sembrando esperanzas por doquier.

Marchaba Tanathos a su lado, irreverente,
con su temblor de sombras
para dejar sobre los hombres la verdadera puntuación.

Yo, que transito intentando equilibrar las dos tendencias,
en el exacto tiempo de las realizaciones,
sé que mis células perderán sus enlaces invisibles
enloquecidas en su viaje a lo inorgánico.

Mientras tanto escribo, con la ilusión
que alguien, en algún lugar del mundo
preste su aliento a estas páginas,
haga vivir estas palabras.

Olga de Lucia Vicente



Cuadro:Desde la luna. Miguel Menassa.

SE QUERIAN

Se querían de amor entre la madrugada,
entre conchas marinas abiertas a la luz,
y páginas aburridas de antiguos amantes.

Sus cuerpos eran del poema su final,
el cierre que con infinita quietud
amansa su respiración agitada.

Entre paréntesis del tiempo,
ella hurgaba la imagen detenida
de recuerdos en los ojos de él.

Anunciaba cada tarde
una efímera caricia,
inerte ante una piel sostenida
por lagunas de soledad,
salpicada de brillos apagados
por la confianza de saberse vivos.

Ese mar surcando en sus rostros
luciendo el canto de los años detenidos,
les hacia conjurar los días por venir,
las formas de la brisa sobre
el color dorado de sus pétalos labios.

Ella sabe que viven,
que renacen en palabras,
y mientras duren sus voces,
nadie podrá aplacar su hálito juvenil,
ni el interminable murmullo de sus murallas.

Miguel Martínez Fondón



Cuadro:La vida en el mar. Miguel Menassa

“EN LA MEMORIA DE LA LLUVIA”
Olga Orozco

Dejo la gloria de ser
diosa maldita de océano grandioso
y me sumerjo
en acuoso líquido para nacer.

Desplazo el corazón
de su costado de dolor
y lo asiento entre letras
que mueven la sangre
a ritmo de poema.

Deslizo la piel hasta tu piel
sin detener su marcha hacia el infierno.

Las llamas de tus ojos arrebatan la noche
a los encuentros, alisan la distancia del olvido.

La memoria está en el movimiento.

Cruz González Cardeñosa


Cuadro: Columna de amaneceres. Carlos Fernandez

SE QUEDARON SOLOS

Marchó la nieve ladera arriba su blancura
guiando nubes de ajedrez las golondrinas en su destierro
curvando con el pico un rastro de plumón cayendo
con el sol de otoño, en tu libro abierto, un recuerdo.

Marchó el otoño de nubes cobrizas y hojas eternas
Tapizando de sonido el caminante tiempo de luz
Que alimenta de sabiduría el almendro y la flor
Viajando como el sur impera en la retina del viajante.

Marcharon todos y quedó casi nadie, un altivo obispo
A cien kilómetros era lo más cercano al cielo
Cuando truena en el valle que linda con el cementerio
Cuando casi nadie, con doce ovejas, comulga su pena de rueda.

Se quedaron solos, trece con el pastor y una campana
De hierro que sin fuerza suena cuando a corta distancia el obispo
Fue arrestado por su cargo opulento de exagerarse monaguillo
Con la frontera cercana de los cuarenta en copas que nunca pagaba.

Marchó el cuñado por la sierra en busca de la luna que aullaba
Y nunca volvió a brillar su calva de nacimiento. Casó y marchó
Hermano. Casó y enviudó hermana. Nunca escribe casi nadie.
Enterré a luna la terca merina que quiso aullar con el lobo un matrimonio.

Se quedaron solos, los dos relojes del campanario porque casi nadie
Se fiaba del sol y la arena y además el bizco tenía mal dormir
Y disparaba perdigones a las golondrinas en su destierro
Y buscaba inútilmente nidos en el almendro del que nunca fue obispo.

Y llego el estío y todo parecía tan real, los campos de oro y trino
El segadal una palabra inventada en la infancia
Las tejas guiando en su reflejo a las nubes del próximo otoño
Las merinas sin abrigo, el opio disfrazando amapolas y el pastor
Con su tabla de ley y orujo sobre el valle, esperando el caballo del cartero
Que anuncié boda, bautizo o muerte en el valle del silencio.

Carlos Fernández


Cuadro: Caravana de luz. Miguel Menassa


LOS HOMBRES RELLENADOS
T. S. ELLIOT
Sabios albores pusieron en mis manos el velo del tiempo
para escuchar corazones heridos de nostalgia
por aquella turba de arena que nunca fue desierto.

Obrera del instante, mis manos,
educadas en música de invierno
producían latidos en los pechos huecos.

Un aire que aún respiro despeja de las dunas
fantasmas que resuenan para borrar recuerdos.

Conozco de los rostros visiones de futuro, el temblor del miedo,
la piedad del agua, que húmeda, en el desierto deja la nada.
Este poblado de habitantes huecos, esta sombra de palmera,
estos dátiles que juegan en mi boca son vocablos de pasión,
arena de versos, piel que recubre la mirada del tiempo.

Pilar Rojas

Cuadro: Las palabras de la locura. Miguel Menassa


NO HEMOS SIDO OBLIGADOS A MATAR TODAVÍA

No hemos sido obligados a nada,

ni a matar ni a entregar nuestra alma.

La vida es un cruel laboratorio

donde se mezclan sangre y excrementos.

Quieren fabricar un hombre moderno,

que mire al horizonte y no se estremezca.

Nadie ya puede obligarnos a cantar

consignas de muerte y destrucción.

El hombre padece el horror que vieron sus ojos,

lo ha cegado para siempre.

matar ya no tiene sentido.

Ninguna mano ajena puede robar

lo que no le pertenece.

La vida no tiene precio.

Cada uno ciega su propio ser

arrojándose a las llamas de la muerte,

sirviendo de combustible barato

para que este mundo siga girando.

No hemos sido obligados a matar todavía.

No hemos sido obligados.

Nos entregamos solos.

Helena Trujillo



Cuadro: Mujeres en el mar. Miguel Menassa.


LA AURORA LLEGA Y NADIE LA RECIBE EN SU BOCA

Desprendida de su piel

la aurora llega

como preludio del día

hundido,

en las hojas del tiempo.

Tiene sed de labios nuevos,

de enigmas y misterios intactos

en el pentagrama de la noche.

Estaba la luna menguante.

Miraba.

Miraba con los párpados de su viento

la desnudez del camino

y las bocas entreabiertas.

-Nadie la esperaba-

Apacible y eterna

clavó su espada, dos veces,

en los cuerpos de sangre herida.

Derramó la lluvia de todo lo vivido.

Llegó con paso tranquilo.

Nadie la esperaba.

Mónica López Bordón